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  • La Colección de Mariposas de Adolf Hitler.

    La Colección de Mariposas de Adolf Hitler.

     

    Déjame que te muestre la primera: ¿No es bonita?, una mariposa de un blanco impoluto, níveo, enharinado, con diminutas svásticas negras en sus alas. Se la regalaron a Hitler en su cuarenta y siete cumpleaños. Es un prodigio, observa la fina trama de svásticas negras sobre la blanca superficie de las alas, cuando Hitler la vio por primera vez sintió un escalofrío de placer en la espalda. Con ella comenzó la colección, ese día mandó eliminar a un escritor revoltoso, pero de manera que pareciese un accidente, el escritor voló de Berlín a la nada en un coche de charol negro, de ese escritor es la famosa frase: tenía en sus ojos un misterio dulce como una mariposa de color de fuego. Calla, mira la segunda mariposa: es verde, con cuatro svásticas amarillas, una por cada ala, la cazó un niño de diez años, endeble como un hilo y rubio como el sol, la entregó a su maestro y de ahí llegó al generalato, es un obsequio del general Eickman a Adolf, su verde brilla como una débil turquesa azulada y sus cuatro svásticas amarillas relucen doradas y siniestras como un tétrico campo de trigo. Hitler solía mirarla largo rato antes de tocar el piano, le fascinaba el dorado mortuorio de las cuatro cruces gamadas del lepidóptero, un indiscreto nazi bellísimo, clavada en su alfiler de oro es una maquiavélica perla de la GESTAPO. Mira ahora, desliza tu mirada a la mariposa de al lado, es una mariposa asimétrica, una rareza, un monstruo, un engendro de hermosura satánica, tiene tres alas negras como la muerte pero en su cuarta ala, oh naturaleza extraordinaria, tiene grabada una cruz gamada amarilla, a Martín Boorman era la que más le gustaba, solía mirarla junto con algunas acuarelas de Hitler a las que no daba importancia. Esta es divina y grande, un obsequio del embajador del Japón, a Hitler le producía tanto placer como una nota de clavicordio, y es aberrante, antisimétrica y espectral y terroríficamente bellísima. Calla, calla, ya sé que estás a punto de gritar pero ¿has visto algo más extraordinario que esto?, ¿La ves?, ¿La ves y no dices Dios mío?, obsérvala, es una mariposa judía, es una mariposa roja con dos cruces de David en sus alas, dos cruces de David marrones, casi imperceptibles salvo para el observador de cerca, se la regalaron a Adolf viva y él mismo la mató con ese alfiler de platino en el que está ahora mismo clavada, sintió un enorme placer al hacerlo, es más, aceleró la muerte poniendo en la caja tres gotas de vapor de cianhídrico. Sublime, sublime, pero sigue mirando, esa otra es una mariposa negra con diminutas svásticas blancas, oh ¡¡¡¡cuánto le costó a Hitler adquirirla¡¡¡¡¡, no quiso el insigne príncipe usar de su poder para adueñarse de ella. Era del marqués de Naboko, y Hitler no quiso con todo su poder expropiársela, tuvo que pagar por ella cien mil marcos. Mira también esa otra, corrupta y soberbia, que parece una extraña rosa grotesca, obsérvala con detenimiento, tiene dos pequeñas serpientes amarillas en sus alas, se deslizan sobre ellas sibilinas y ligeras, cargadas quizás de muerte, parecen estar silbando veneno. En fín, fíjate en la última mariposa, sólo tiene tres alas, la cuarta está medio quemada, efecto del bombardeo sobre el bunker, pero en sus alas sanas se observan tres amarillas calaveras, todo el horror del mundo cabe en una gota de agua, es soberbia, Hitler la miraba absorto y creo que un día, tocando su piano, arpegió al mirarla una melodía de Helechos negros y cisnes sin cabeza. Bueno, ya está bien por hoy, otro día te diré como llegó esa colección a mi poder.

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    Francisco Antonio Ruiz Caballero. (Dios no sólo es un criminal, también es aburrido).
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