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  • Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    Muchas gracias a todos. Pues he quedado gratamente sorprendida por el resultado de las votaciones y para celebrarlo haremos el aperitivo al estilo de mi detective. Barra libre... para las gargantas acostumbradas hay blanco seco de barril, aguardiente templado o un vasito de calvados.

    El tema para esta semana lo he escogido a dedo y con los ojos cerrados de una pàgina del libro que estoy leyendo. Espero que dé bastante de sí.

    Saludos y adelante con las letras.

     Durrell


  • Re: Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    Un caso desgraciado

     

    Me sentía cansado y un tanto desencantado con mi trabajo. No había llegado a tiempo y me castigaba imaginando lo que tal vez podría haber evitado si mis investigaciones me hubiesen llevado a su destino tan solo veinticuatro horas antes. O tal vez no, me decía a mí mismo, pues aquella muchacha hacía tiempo que jugaba con la muerte y un día u otro debía perder la partida.

    Un piso miserable en el barrio de la Barceloneta, unos compañeros indeseables, que como ella, solo vivían para inflar sus venas con el polvo alucinógeno que les hiciese olvidar durante unas horas la inadaptación a una vida que no les satisfacía. Y Clara, que parecía tener todas las virtudes y posibilidades para ser feliz, se había dejado arrastrar hacia ese vertiginoso submundo de la heroína donde se vive poco y muy deprisa.

    Lucas, su padre, hacía una semana que me había llamado casi sin fuerzas, cansado y abatido por las circunstancias. Habíamos trabajado juntos en muchas ocasiones antes de que decidiese retirarse de los juzgados. Nos respetábamos y la confianza mutua se había ido decantando en una amistad y aprecio, que nos había unido más allá de los deberes profesionales. En ocasiones le visitaba en el apartamento que se había acondicionado, justo puerta con puerta del mismo piso donde antaño montase su bufete. No había querido marchar de aquel edificio cuando se separó de su mujer y ella no tuvo ningún inconveniente en quedarse con el chalet de la costa, en un ambiente más de su agrado. Aribau me pillaba cerca de mi despacho y decidí ir caminando. Eran las cuatro y media de la tarde de un sábado y la plaza universidad se encontraba aún casi desierta, a la espera de que abriesen las tiendas y la marabunta de ávidos compradores subieran las escaleras subterráneas del tren metropolitano.

    El edificio hacía esquina con la plaza y en la portería entregué el carnet de identidad a Sebastián, uno de los conserjes que ya me conocía. Metí la chapita de identificación en un bolsillo de la americana mientras pedía noticias del señor Godard.

    —No se le ve muy animado últimamente, hace días que no sale a dar su paseo cotidiano y cuando le subo los periódicos casi le cuesta hablar. Con lo que él ha sido ¿verdad?

    El ascensor me dejó ante una puerta que inexplicablemente se hallaba medio entornada. Pulsé el timbre y entré llamando a Lucas mientras buscaba por las distintas habitaciones. En el despacho, el sol atravesaba los visillos llenando de luz la estancia. Mi amigo parecía haberse quedado dormido sentado en su butacón mientras escribía, pues aún conservaba la pluma en su mano. Dos blísteres de pastillas y un vaso de agua se encontraban vacíos junto al ordenador, un talón bancario a mi nombre y dos cuartillas escritas que leí después de tomarle el pulso y comprobar que mi estimado amigo estaba muerto.

    Escribo desde este rincón acomodado, adornado para hacerlo más o menos agradable, ocupado por esos objetos que poco a poco se han ido haciendo importantes por el recuerdo que abren en mi memoria. Pienso que en realidad no son importantes y debería deshacerme de ellos, al fin no son más que materialidades a las que mi vida se aferra para retener un pasado que ya no está, que ya pasó casi sin darme aviso.


    Imagino un futuro incierto y rutinario del que me gustaría escapar. Y me pregunto si la vida no es lo mismo para todos los que me rodean. No es equivocado acaso conceder a la verdad, que vivimos intentando acaparar sucesos, ilusiones, cosas materiales, escenas memorables que se diluyen después con la lejanía. Y tan cierto sería pensar que en el fondo todos somos iguales en ese sentido. La vida son palabras oídas, habladas, escritas, mal o bien interpretadas con sus derivadas consecuencias… y no hay más.


    Abrir los ojos cada día, al despertar, es sinónimo de ilusión, de espera, de admitir que en ese nuevo comienzo seguro que habrá novedades que romperán nuestra rutina. Y nos izamos no sin ciertas reservas porque un día más no se cumplan esas expectativas… Aseamos nuestro cuerpo y lo vestimos adecuadamente, acechamos tras los visillos deseando que el Astro rey se digne iluminarnos espléndidamente y nos echamos a la calle pensando en nuestras responsabilidades creadas que nos empujan a continuar caminando.


    Pero dónde comenzó todo… cómo fue que creamos tantos envoltorios y leyendas alrededor de una única necesidad crucial y simple para el hombre que no es otra que el procurarse el alimento y el resguardo… De pronto se abren paso en mi memoria las imágenes de aquellos viejos filósofos que hablaban del existencialismo, otra palabra. Complicada en su momento, sí. Pero querría de alguna manera buscar, en los tiempos que vivimos…o en todos los habidos anteriormente, a ese hombre esencial, sin pensamientos, sin ambiciones, sin ganas de abrir los ojos cada día… Y los que encuentro no cumplen esos requisitos precisamente. Estos suelen ser los desengañados, los que buscaban y no encontraron, o los que sí lo hicieron y quedaron abrumados por tanta novedad que se les convirtió en rutina y dejaron de serlo.


    Suenan otras palabras “Me gustaría…” y son las que provocan el anhelo de todo lo que la vida nos puede ofrecer. Por eso seguimos adelante. Buscamos historias posibles o las inventamos, ahítos de amor y desamor, de saciedades y renuncias, de obligaciones y derechos. Pero derechos a qué, de ser qué cosa con una libertad civilizada… Se cuentan por miles los admiradores de aquellos que cantaron por la libertad y que aún, todavía, se arrastran por escenarios multitudinarios clamando por romper con una sociedad que se ha ido moldeando y adaptando a esas libertades que reclamaron en su día. Nunca es bastante, nunca es suficiente. Después en su vida cotidiana se sienten triunfadores aunque siempre insatisfechos, buscando una nueva forma de vivir, de creer, de sentir la paz dentro en su interior.


    Sentado en mi rincón, me siento cansado de esta lucha insaciable contra el desánimo de vivir. Las novedades ya no lo son. En realidad todo se repite como en una rueda que hace girar el mundo una y otra vez, jugando con la vida de los seres que lo habitan, jugando con las ilusiones de cada humano hasta que la experiencia habida se las arrebata, o tal vez consiga desterrarlas una muerte a destiempo.

    Me pregunté durante un instante si la policía de la Barceloneta se habría puesto en contacto con Lucas antes de mi llegada. Deseché la idea pues me había ofrecido a dar la mala noticia yo mismo y habían suspirado aliviados. Recogí mi cheque antes de bajar, sabía que no debía tocar nada hasta que llegase la policía. Estoy acostumbrado a ello. Sebastián hizo las llamadas oportunas y poco después llegaron los agentes, el médico y los señores del juzgado. Cuando pude deshacerme de todo aquel trámite fui a buscar mi coche. Aunque ya había oscurecido, el día no había acabado para mí. Cogí la carretera rumbo a Platja d’Aro, donde una mujer, seguramente, no imaginaba ni de lejos las dos tragedias que me disponía a comunicarle.

     


  • Re: Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    - Seguro que habrá novedades a partir de este momento - exclamó el comisario apuntando el arma hacia la sien de aquel infeliz. - ¿Qué te trae por aquí, hermano?

    El tipo, un joven de unos veinte y pico años, de aspecto magrebí, soltó una arenga ininteligible para Salinas en una lengua parecida al árabe:

    - Háblame en cristiano porque sino me voy a cagar hasta en la madre que te parió.

    - Me envían para que haga nuevas pintadas allí - manifestó en un atropellado castellano, apuntando con el índice hacia la tumba de la Mariona.

    - ¡Vaya!¿Qué tenemos aquí? Nada más y nada menos que al artista rupestre que domina el estilo lapidario como ningún otro grafitero en la historia de los grafitos urbanos. ¡Inocencio, aquí tiene al maldito pintor, que le tiene el cementerio engalanado de pintojos! Creo que si le entrega la brocha, él mismo se encargará de limpiar toda la mierda de Arabia que ha ido dejando por ahí.

    - ¿Es éste? ¿Esta mierda de tío? - soltó el conserje permitiendo que se le encendiese el rostro como a una hiena. - ¡Con las ganas que le tengo...!

    - No se preocupe, hombre, que el comisario sabrá que hacer con él - intentó serenarle Paraíso.

    Salinas obligó al muchacho a que se tumbase en el suelo boca abajo y con las manos en cruz. Le indicó a Santiago que lo descalzara y que le quitase los calcetines. En el interior de un calcetín llevaba unos gramos de hachís. El comisario sin dejar de apuntarle con su pistola, realizó un registro exhaustivo, incautándole un par de navajas y dos botes de spray. Lo esposó contra una verja del cementerio, dejándolo descalzo. Realizó una llamada desde su móvil a dependencias policiales, dando la filiación completa del detenido:

    - Mohamed Chaud Moukarzel del 26 de noviembre del 80, nacido en Túnez, hijo de Yunus y Zara....¿Cómo que te sale uno nacido en Argelia con idéntica filiación?..Miralo bien, que en el pasaporte pone que ha nacido en Túnez...¿Tendrás una fotografía de él? Imprímela y mándame a los Sierra Charlie con la foto del tipo...Sólo quiero a los Sierra Charlie, no me envíes ahora a toda la tropa. Es más, les haces a Jaume y Juan Pablo una línea de baja y les comunicas que los quiero aquí, ahora mismo, de manera discreta. No lo digas por la malla....¿Qué este fulano tiene veinte antecedentes y dos requisitorias pendientes de orden de Detención e Ingreso en Prisión?...Dime el motivo...¿Qué no viene explicado el motivo?..Llama a los nazis y que te den información detallada...Les cuentas cualquier milonga...Que te quede bien claro, aquí sólo quiero a los Sierra Charlie, ¿está claro?

    Los agentes de paisano llegaron en un periquete. Santiago le comentó a Salinas que aquello no era celeridad, sino más bien cargarse de un plumazo "el método de la velocidad relativa". El comisario le respondió con una contorsión burlesca pintada en su rostro que le daba un aspecto de personaje de cómic constreñido en una viñeta. Como no se le daban bien las normas de cortesía, ordenó a Jaume y Juan Carlos que se llevasen a Mohamed detenido:
    - Yo también me alegro de verte, Salinas - respondió Juan Pablo, mientras conducía al joven al coche policial de camuflaje, llevándolo del brazo.
    - Lo presentas ante el Subinspector. Si no está, ante el Inspector y si no queda más remedio ante el Intendente. En breve voy para allá. ¿Qué te han dicho los del CGIC?
    - Nada, hoy nos le funciona la aplicación. Según CNP se le busca por tenencia y comercialización de explosivos y por un delito contra la Salud Pública, tenencia y tráfico de hachís. Los antecedentes son de lo más variopintos. El que más ha llamado mi atención es...

  • Re: The McSky series-IX- 4-Libre de cargas

    4/66 Libre de cargas

     

    -Yo no creo en esas cosas

    Era Tubo el que hablaba desde su puesto de conductor. Tenía al lado a  Grumpf y  Sartas. Niht, Steady y yo viajábamos  detrás.

     

    -¿Qué cosas?

     

    pregunté porque Tubo llevaba un día entero, justo desde que partimos, sin decir nada. Ahora pasábamos cerca del aeropuerto de Orly, no porque nos  cogiera de camino sino porque Niht tuvo ese capricho.

     

    -Vayas a donde vayas, pasa por París-parecía ser su lema. Tubo , que votaba por la ruta más lógica  que incluía la frontera ítalo suiza agarró tal rebote con el romántico antojo del inspector que no se dignó pronunciar palabra hasta que llegamos a la capital de Francia, pese a que Grumpf le provocaba periódicamente con el siguiente razonamiento.

     

    -Tiene su lógica, Tubo. Si no llegamos a nuestro destino, siempre nos quedará París.

     

    Se limitaba a mirarle entonces como un bogavante a una quisquilla , pero tampoco le contestaba nada y seguía adelante por las carreteras gabachas con su caravana fantasmal. O eso decían.

     

    -En que nadie vuelva después de muerto, Mac. Ya es bastante difícil morir como para a las primeras de cambio  perder el tiempo en regresar para dar sustos a la gente.

     

    -¿Difícil morir dices, Tubo?

    -Pues si, Sartas Difícil.  Ni tú mismo no lo has conseguido aún. Pero estoy seguro de que al final lo lograrás.

     

    -Anda y que te ondulen.

     

    Nos congratulaba que nuestro conductor estuviera de mejor humor y habríamos dejado el tema ahí si Grumpf no hiciera su conocido juego, cuando un tema le interesa, del gato con el ovillo.

     

    -A mi me parece, Tubo  que a la chica que asesinaron en tu roulotte-me permito esta acepción sobre tu caravana, porque ya estamos en La France- le costó bien poco trabajo morir. Creo que la dejaron hecha un asco.

     

    -         No diga eso. Si dicen que su espíritu vuelve , y cuando el río suena agua ha de llevar, es porque morir le está resultando muy difícil.

     

    -¿Qué dice, inspector?-manifesté mi sorpresa  ante la exposición de Niht- ¿Le está resultando? ¿No está muerta ¿ Le parece poco un descuartizamiento?

    -Me parece suficiente. Pero morir del todo es otra cosa.

    -¿Morir del todo?-intervino Steady.

    -Sí, amigo Steady. Digamos que, como en una hipoteca – y considero afortunada esta mi metáfora sobre la vida-  la chica en cuestión, Jane creo que se llamaba, ha cumplido con la cancelación contable, pero aún le quedan por realizar los trámites notariales.

     

    -         ya le entiendo, Niht- nos aclaró Steady- Para finalmente poder irse...libre de cargas.

    -         Que tontería-habló Tubo desde el volante- Que estupidez esa tan extendida de que los espíritus vuelven porque se han dejado algo pendiente. Y ahora, usted no solamente dice eso, inspector, sino que nos quiere hacer creer que se trata de una especie de visita al notario?

     

    Esperando la respuesta de Niht meditaba yo sobre su apunte de considerar la vida una hipoteca. Por los plazos que los bancos manejaban yo siempre lo había pensado lo contrario,  que una hipoteca era una vida.

     

      -Eso que lo diga ella- contestó Sartas  misteriosamente- Hay algo en la densidad del aire que me dice que aparecerá pronto por aquí para darnos novedades.

    -Ahora que pasa, Sartas? ¿Eres médium?-preguntó Grumpf con una cierta jocosidad

    -Si. es Medium. Medium gilipollum- terminó Tubo- ¡Novedades dice! Como en el chiste..

    -¿Cuál chiste? – pregunté porque nunca está de menos  aprender uno más.

    -Si, Mac. El de que no es lo mismo Tejidos y Novedades en el Piso de Encima              que Te Jodes, No ves Nada y Te Pisan Encima.

     

    -         ese sile- dice Grumpf

    -         ¿Cuál sile Grumpf?

    -         Si le sabía.

    -         Pues eso le digo a Sartas e incluso a usted mismo , inspector. dijo un Tubo envalentonado- Que nos vamos a joder y  no ver nada, si esperan fantasmas, aquí no va a ser.

     

    En ese mismo momento escuchamos un terrible golpe en el techo del vehículo y toda su estructura empezó a vibrar. Desde luego eran novedades y  fueran lo que fueran , fantasmas, espíritus, o alucinaciones, estaban ocurriendo. en el  piso de encima.


    But people don't live or die,
    people just float.
    She went with the man
    In the long black coat
  • Re: Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    Seguro que habrá novedades.

    _________________________________________________________________________

     

    Me aburría y me dije: bajaré a comprar el periodico, seguro que habrá novedades. No me dió tiempo a llegar al kiosco de la esquina; algo que me pareció la punta de una pistola se me clavó en la espalda. Una voz me  dijo al oído

    -¡Entra al coche!

    -Pero oiga… ¿quién es usted? y sentí un fuerte golpe en los riñones.

    -¡Entra!, me dijo, a la vez que me daba un empujón.

    Me metieron en la parte trasera de un furgón pintado de gris. Allí, alguien, desde atrás, me sujetó por el cuello y me aplicó una especie de esponja en la nariz. Eso es todo lo que recuerdo de esos primeros instantes.

     

    No sé el tiempo pude estar inconsciente y cuando recobré la conciencia, lo fue a un estado de alucinaciones que me torturó durante, lo que a mí me parecieron, largas horas. Cabalgaba entre nubes habitadas por rayos y truenos, sobre inmensos océanos, a lomos de un caballo alado cuyos relinchos ahogaban el sonido de los truenos. Tiburones monstruosos, largos como serpientes, pugnaban por saltar para atraparnos. El loco galope proseguía hasta las regiones hiperbóreas, sobrevolando abismos insondables, montañas de hielo formadas por aristas como gigantescas lajas de pedernal. El vértigo me hacía vomitar y, asido a las crines de aquella bestia, me sentía morir a cada instante. Después, aquel pegaso me derribó y me sentí caer al vacío. Luego, como se me naciesen alas, la caída se iba atemperando  como deteniéndose gracias a un paracaídas, hasta verme volando sobre campos de girasol. No recuerdo qué era lo que estaba buscando, entre dos aguas o reptando en los melgares, entre las plantas de girasol, cuando esperan el primer riego de la mañana, aprendiendo sus olores. Olían las flores, de un amarillo que busca el rojo, a algo enervante, con un leve recuerdo a la fumigación anterior. Su olor me llegaba dentro, enervaba mi imaginación. El motor de riego se puso en marcha y el bancal comenzaba a hidratarse. Al escapar, noté que mis alas se habían mojado y apenas podía volar. El agua del sistema de aspersión golpeó en mi cara. En ese instante, me vi, echado en el suelo y atado, como un animal, a una viga de hierro.

    Al cabo de un rato pude recapacitar y darme cuenta de lo que había pasado en realidad. Parece que alguien me había secuestrado. Mi cabeza empezó a funcionar y a pensar que en realidad todo era parte del mismo sueño.

    Cuando volví a despertarme era de noche. Estaba sentado en el suelo, junto al portal de mi casa, justo en el mismo sitio donde me habían secuestrado. Unos jóvenes me ayudaron a levantarme y me ofrecieron ayuda. Yo me palpé el bolsillo y tenía el llavero. Abrí el portal, y tras confusas palabras de agradecimiento, subí a mi piso. En el bolsillo encontré una nota escrita con letras mayúsculas LO SENTIMOS, USTED NO ERA LA PERSONA QUE BUACABAMOS...

     

  • Alteración variable

    Para obtener la completa y verdadera visión global de la realidad europea, el concepto que nace tras muchos y perplejos siglos en los que huérfanas generaciones de funcionarios se negaron a aceptar el desplome del Estado romano occidental, es preciso realizar una extraña pirueta de considerable riesgo. Se trata de un salto a gran altura para caer en inmersión libre hasta las más abisal profundidad de una historia rocambolesca, tal vez la de mayor enrevesamiento de cuantas epopeyas ha dado la humanidad, y que por fortuna no implica complicadas extrapolaciones a quienes tengan origen ibérico. Sin embargo, por ser todos de cabo a rabo acontecimientos de la mencionada península, donde hoy en día junto a Portugal transcurre la contemporánea cotidianidad española, se agolpa cuanto menos en cada suceso no poca dosis de paradoja, y cuanto más en su completa extensión simple y puro surrealismo. Así, tal como digo, puede uno tomar la parte por el todo a la manera de Santiago Ramón y Cajal, premiado con la distinción de un Nobel por deducir él solo que dentro del huevo estaba la gallina.

    Capítulo a capítulo, tras largas horas de lectura durante el transcurso de un supuestamente tranquilo día libre, en mi cabeza se abre paso a machetazos cierta idea descabellada, que ya me es imposible mantener contenida ni por un segundo. Procedo, pues, a imaginar mi país personalizado en cualquier competición deportiva internacional por multitud de selecciones nacionales, todas ellas queridas y entrañables. De pronto, seguramente porque me es dado con facilidad llegar al delirio, la suposición citada se me antoja en el agradable marco de la difusión planetaria como el mejor reclamo de nuestros atractivos. Un campeonato de fútbol continental, escogido de ejemplo al vuelo por su notable relevancia, coparía los noticiarios de otros países menos afortunados con multitud de enfrentamientos entre compatriotas nuestros, reglados por normas de conducta deportiva, y no entablados por gente que por foránea se deba tener en inferior consideración, pero a la postre, cuando se trata de marcar goles, es mucho menos afín.

    Ellos, a su vez, nos envidiarían y se darían con un canto en los dientes por la cortedad de miras que les llevó a la eliminación en preliminares después de sufrir la oleada interminable de nuestros infinitos conjuntos representativos. Estoy seguro de desatar en corto espacio de tiempo gran frenesí mundial por la imitación de este modelo, futuro modificador incluso del magma que alimenta el volcán olímpico.

    Dejo reposar con estos pensamientos el libro de historia española que, al cabo del rato, se me escurre entre las manos mientras mi imaginación empieza a volar en desvarío emancipado. Semejante elenco de conjuntos nacionales, con mayor razón todavía si la fórmula cuaja y su ajuste alcanza extensión global, supondría el principio para un nuevo modelo de economía sostenible. No quisiera caer aburrido por mis propios análisis sobre la cantidad de negocio, estructuras, recursos humanos, financieros, servicios, cuadros directivos y atención mediática que sería necesaria, además de obligada obtención entre los puestos de producción que el equilibrio económico está dejando obsoletos, para cubrir las necesidades sobrevenidas como consecuencia de una novedosa concepción del ocio, sana y saludable, nacida ante los ojos de las generaciones venideras gracias a la increíble, tenaz y genial capacidad resolutiva de los pobladores íberos. Me estremezco embelesado por estos emotivos sentimientos hasta el punto de que casi se me erizan los vellos del cuerpo, aunque por desgracia el feliz momento se ve interrumpido por una llamada telefónica. Timbra el fijo, cosa que cada año es menos habitual en mi casa. Se trata de Gustavo desde una cabina pública interesado en saber si ha llamado Laura, su novia, preguntando por él. Le informo ya hoy por enésima ocasión que no.

    A Gustavo se le deslizó esta mañana el móvil desde el bolsillo del pantalón para caer en el interior del sumidero fecal por culpa de una desafortunada maniobra que no quiero reseñar, a pesar de conocer toda la suerte de detalles en los que él por iniciativa propia ha entrado bajo efecto del pasmo. Ambos habitamos el mismo apartamento, compartido como medida de fraternidad humana frente al ocaso del capitalismo. La fortuna quiso desde el principio que nuestra relación de inquilinos fuera cordial, amistosa y sin desavenencias. La realidad tiene inflexible costumbre de no recurrir bajo ningún concepto a la elipsis, por el contrario el ser humano reconoce la convivencia cómoda cuando las circunstancias no le exigen abusar de los recursos gramaticales. En este caso no encuentro posible eludir particularidades de nocivos resultados que se dan al sumergir donde se va de vientre un teléfono móvil, así sea por descuido y no ande nadie en compañía del diablo. La electrónica que da vida a los dispositivos integrados, o chips de comunicación,  en teoría sucumbe con muda celeridad ante este tipo de trato. La cuestión práctica todavía es peor.

    ¡Mira, mira! —me ha apremiado Gustavo mientras su mano y el artilugio que agarraba no dejaban de supurar limo.

    Yo, recién desayunado y en relajada pose sobre el sofá, de buen ánimo con la perspectiva del día desocupado para leer un libro, en verdad de la buena que me he encontrado sin palabra que decir.

    ¡Mira, mira! Gustavo habrá decidido que su deber era insistir.

    ¡Ah…! se me ha ocurrido a mí como muestra de condolencia.

    ¿Y ahora qué hago? —la pregunta de Gustavo me ofusca porque es que en serio no sé de qué me habla.

    La respuesta se ofrece sola cuando mi atribulado compañero de piso despliega un penoso discurso, donde se relatan para mi información variados pronósticos de fatal desventura que yo resumo en tres puntos clave. Lo primero es, tal como se hizo evidente, que no funciona su teléfono móvil, luego se añade salir de casa hasta un incierto horario de regreso nocturno, y finaliza la explicación con un triste corazón enamorado sin forma posible de hablar con la novia que reduce al estricto mínimo sus pasiones, como es el caso de esta jornada, cuando por ley le corresponde en custodia el cuidado de la prole.

    Al acabar el parloteo de Gustavo por simpatía me invade la pena, acaba de empezar un domingo que no deja al consumidor demasiadas alternativas. Le propongo, después del más encarecido ruego para primero un buen lavado de manos, que se ponga en contacto mediante el fijo o mi propio móvil con Laura, o le deje un mensaje en el contestador, ya que su línea se encuentra apagada y no contesta. Los apagones de Laura en fin de semana alternativos debería aceptarlos Gustavo con naturalidad, pero no se acostumbra. Tampoco contamos por desgracia con un usufructo temporal de mi teléfono, algo que por la naturaleza de nuestros idénticos empleos los dos sabemos.

    Le he dicho al contestador de Laura que ella te llame a casa porque no me funciona el móvil, yo te llamaré a ti por si ella me ha llamado, pero la iré llamando desde alguna cabina por si contesta. Si llama, y luego yo llamo y no contesta, pero cuando llame a casa ella ha llamado, cuando yo llame tú me lo dices, ¿vale? Gustavo me mira para confirmar que he comprendido las instrucciones.

    Vale…

    Yo llamaré desde una cabina, si Laura llama y luego yo llamo, pero ella… está claro que mi respuesta no le deja convencido.

    Vale, vale, vale, vale… corto su perorata de un tajo.

    Nadie en el mundo habla un lenguaje que no sea el suyo propio. Le pido a Gustavo que antes de salir a la calle cuente hasta diez.

    Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez Gustavo completa la cuenta, después se ha marchado.

    Vuelvo a retomar el libro que empecé esta mañana, estoy seguro de que en algún apartado explica cómo puede el pueblo íbero pasar de cuartos en un mundial de fútbol. Cae la tarde, pronto encenderé la luz eléctrica para ver mejor, pero antes atiendo una nueva llamada en el teléfono fijo. Es, por fin, Laura.

    Dile a Gustavo que te he llamado, si Gustavo llama tú díselo, pero dime si Gustavo vuelve a llamar, y si yo llamo otra vez tú le dices que yo he llamado, aunque mejor será que Gustavo me siga llamando a pesar de que es posible que tenga el móvil apagado, tú en caso de que Gustavo me llame le dices que he llamado, pero que si Gustavo llama, que llame dice Laura que le diga a Gustavo.

    Es una cuestión que considero por lo menos poco resuelta de tanto como me da lío, ni la expresión la tengo demasiado bien para explicarle a la gente lo de puta madre que me cae.

    Vale le digo.

  • Re: Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    - Pronto tendremos noticias – Carlos acarició la mejilla de Paula y levantó su barbilla, obligándola a mirarle – Seguro.

    Paula hizo un esfuerzo por sonreír, tratando de agradecer las palabras de ánimo de su amigo, pero su gesto se quedó en una mueca torcida.

    Raúl hacía casi un mes que había desaparecido. Salió temprano hacia el trabajo, pero no llegó. Su móvil estaba apagado o fuera de cobertura desde entonces. Habían llamado a todos los hospitales de la provincia, sin éxito. Un primer plano de su cara abría todos los telediarios. Pero nadie parecía tener información.

    La policía insistía una y otra vez en hacer las mismas preguntas. Si habían discutido, si creía posible que tuviera una aventura… Estaba agotada y enfadada. Cansada de responder una y otra vez a lo mismo. Avergonzada por tener que dar detalles de su relación que no debería compartir más que con su marido.

    - ¿Te apetece un café?

    La voz de Carlos la sacó de sus pensamientos. Negó con la cabeza. Se levantó del sillón y se dirigió a su dormitorio. Repasó por enésima vez el armario de Raúl. Contó sus trajes, sus vaqueros, las camisas.

    - No falta nada – susurró cuando notó que Carlos la había acompañado – Está todo aquí, exceptuando la ropa que llevaba aquel día. Si él… - suspiró y su voz tembló al continuar – si él me hubiera abandonado, si él…

    Las lágrimas le impidieron continuar.

    - No pienses eso – Carlos le rodeó la cintura, atrayéndola hacia él, hasta tenerla apoyada en su pecho – Estaba loco por ti, cualquiera podía verlo.

    La mantuvo entre sus brazos mientras lloraba. Notaba la calidez de sus lágrimas a través de la tela de la camisa. Esperó a que se calmara. Al fin, la mujer se separó, limpiándose con el dorso de las manos. Carlos le ofreció un pañuelo.

    - Gracias, y perdona. – Siguió ante la mirada interrogante de él – Por mancharte. Te he puesto perdido de mocos y maquillaje.

    - No importa – sonrió – ya te pasaré la factura de la tintorería.

     

    Paula lo acompañó hasta la entrada. Cuando la mujer cerró la puerta, Carlos bajó los escalones de tres en tres, necesitaba respirar aire fresco. Al salir a la calle se relajó. Pensó en el plan que ideó el día de la boda de Raúl y Paula, al ver en los ojos de la futura mujer de su amigo la rendida admiración que veía en la mirada de casi todas las mujeres que conocía.

    Supo que esa mujer se entregaría a él con poca o ninguna resistencia si se lo proponía, pero también sabía que Raúl era un hombre precavido y que le había hecho firmar un contrato prematrimonial que la dejaba sin nada si lo abandonaba. Y él lo quería todo.

    Había planeado que no encontraran el cadáver, pero no estaba seguro de aguantar el tipo el tiempo necesario hasta que consideraran viuda a Paula. Cada día que pasaba le costaba más disimular el desprecio que sentía por aquella mujercita insignificante. Tendría que improvisar algo.

    Pronto habrá novedades, Paula, pensó, seguro.

     

  • Re: Tintero Virtual CDXVI (416) - Seguro que habrá novedades...

    Ruego disculpas
  • Sín título.

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    La noche desvanecida en un vacío blancuzco. Víctor abrochándose el capote piensa: «El tiempo se estanca». Luego, al ajustarse los guantes de cabritilla: «Noviembre es un mes fantasmagórico». Intentó desentumecerse dando patadas y el ruido de las botas en el empedrado restalló como un latigazo. «Hay algo insano en esta bruma». Encogiendo la cabeza entre los hombros echó a andar. Hoy sería inútil llegarse hasta la playa y eso le disgustaba. Desde hacía semanas se llegaba hasta el arenal a contemplar la esencia de su anhelo. Pero ella, a pesar del asedio no daba muestras de flaqueza. Por eso acude a la playa, con la esperanza de atisbar, de adivinar ese punto flaco que le permita rendirla, poseerla.

    «Tengo cuarenta y seis años y hablo como un pisaverde» La ocurrencia le hace sonreír pero le deja un poso de amargura: es la conciencia del tiempo ido, consumido en fatigas recorriendo media Europa. Lleva batallando desde hace dos décadas y no hay visos de que la cosa vaya a cambiar. Víctor siente añoranza de la calma, del sosiego, de gozar de los honores merecidamente alcanzados. Le tienta la idea de que el mundo se va gestando en la niebla con cada paso que da. Se detiene. «Simplemente se ha reducido a unos pocos pasos» La falsa impresión lo irrita. En el instante de quietud aguza el oído en un intento por discernir cuanto a la mirada le está vedado. El chapotear de las aguas contra las abandonadas barcas lo lleva a la orilla del río.

    Guadalete. El río del olvido de los clásicos. Pero los españoles, siempre tan geniales, forjaron del mito la realidad. En estas aguas su patria había caído en manos sarracenas. Ahora mil cien años más tarde la historia estaba a punto de repetirse. De nuevo se acabaría con la barbarie, porque España era un país de bárbaros, donde nunca se olvidaba y menos a los muertos. Tierra de sangre y fuego, de toros y procesiones, donde lo divino se desangra en lo chabacano. ¿De dónde había salido este celaje húmedo impropio de un pedregal abrasado por un sol implacable? Sabía que le bastaba con cruzar el río para poner fin a ese contradictorio mundo de supersticiones.

    -Legrand.

    La densidad de su aliento al nombrar a su ayudante de campo. Más profunda que la misma niebla. Más vital. Era como palpar el latir de su corazón. Pronto amanecería y con la luz del nuevo día la niebla antañona se desvanecería para siempre. Bastaba con que su corazón no se detuviera. Lo único que tenía que suceder era que su corazón no se detuviera, que su ejército lo siguiera sintiendo vivo en esta tierra de muerte y miseria divina.

    Cuando el edecán quiso saber qué mandaba el Mariscal, Víctor respondió:

    -Prepara mi equipaje: Esta noche cenaré en Cádiz.

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