Ultima Noche de Hannibal en Florencia.
Florencia relampaguea como un jade brillante,
La estatua del David se yergue como un ángel,
Se desliza la sombra enorme del arcángel
Y en los ojos de Allegra hay dos limpios diamantes.
Reinaldo Pazzi cuelga de los muros,
Con las tripas abiertas, y veinte japonesas,
Lo han visto caer desde su claroscuro
Balcón de biblioteca, la sangre fluye espesa.
Allegra espera a su amado marido
Pero al abrir la puerta descubre a Hannibal Lecter
Con un ramo de lilas exhalantes.
Una mosca se posa en del monstruo la frente.
La cara del caníbal es de azúcar molido,
Y el perfume de lilas es salvaje y fragante.
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Francisco Antonio Ruiz Caballero.
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