miércoles, 29 de diciembre de 2010 18:04
noncondition
La Forza del destino en vacaciones
Después de lo que me ha parecido una eternidad sin escuchar ningún vinilo en condiciones, ayer, dia de los inocentes - tiene gracia - me senté tranquilamente dispuesto a escuchar algo que realmente fuera interesante, como por ejemplo la ópera que escogí para pasar el rato: La Forza del Destino, Carreras/Bruson/Plowright/Baltsa/Sinopoli, DG, 1987, ni de lejos la mejor, pero con la ventaja de que la caja de vinilos la tenía sin desprecintar, por lo que se suponía que los discos se encontrarían en buen estado.
Después de encender el equipo y dejarlo más de una hora calentando, me puse a escuchar y claro, una vez más, llegué a la conclusión habitual: me dí cuenta de lo mucho que disfruto con el vinilo y de lo poco que me gustan las grabaciones en digital. Sonaba fantásticamente bien ( con todas las limitaciones de sala y equipo presentes, por supuesto ). La misma ópera, en CD, no es lo mismo. Es como más fría, más distante, carece de esa capacidad de provocar emoción. No es fácil decir por qué: supongo que buena parte de ésto es atribuíble a la propia sugestión, pero comparando discos de vinilo grabados completamente en analógico con discos compactos, e incluso con sus homólogos completamente digitales, es que no hay color.
Recomiendo a cualquiera que tenga un plato antiguo, que esté en relativo buen estado, que lo lleve a un especialista que lo revise, ajuste y ponga al día y luego se ponga sus antiguos discos de vinilo. Igual no vuelve a escuchar un sólo CD más.
Hasta pronto.