VERSOS ROBADOS se despide

De común acuerdo con la dirección del programa "A vivir Valladolid", hemos decidido poner punto final a la sección "Versos robados", y por lo tanto también a este blog. Desde aquí sólo puedo agradeceros a todos vuestra compañía y complicidad durante estos meses; gracias a todos, los más fieles, los menos, los conocidos, los desconocidos, los que dejaron mensajes, los que pasaron silenciosamente... Ha sido un placer compartir versos y reflexiones con vosotros.

 

Para echar el cierre se me ocurren muchos versos, muchas canciones: "este adiós no maquilla un hasta luego", "brindemos, que hoy es siempre todavía, que nunca me gustaron las despedidas", "para empezar, diré que es el final"... Lo dejo a vuestra elección.

 

Hasta siempre.

 Nacho.

enviado por EGOSUM25 | 1 comentarios

QUÉ RICAS PASTILLITAS, VERDES, ROJAS Y AMARILLAS

Hoy les voy a pedir que se retrotraigan unos cuantos años en la historia reciente: más de 15 ya, y es que hay que ver cómo ha pasado el tiempo. Era el nacimiento de la década de los 90, la música "mákina" estaba de moda y la "ruta del bakalao" era lo más del momento. Y en ese hábitat surgieron tipos como un tal Chimo Bayo (que creo que sigue pinchando en discotecas levantinas), con estribillos tan imposibles como sospechosos. ¿Se acuerdan de aquel "qué ricas pastillitas, verdes, rojas y amarillas"?

 

Las drogas, especialmente las de diseño, que eran el último grito, formaban parte de aquella locura colectiva del momento; y que yo sepa, no es que ese desmadre haya vuelto a ponerse de moda, pero hace un par de días recordé este tema del que les hablaba. Me lo trajo a la cabeza una noticia que escuché en el telediario, y que venía a decir que esta época es próspera para la gente dedicada a las farmacias, herbolarios y otros asuntos relacionados con el "córpore sano". ¿La razón? Los estudiantes y sus exámenes. Resulta que cada vez son más los universitarios que recurren a las medicinas, unas naturales y otras no, para conseguir superar sus pruebas académicas con buenos resultados; o, para ser más fieles a la verdad, digamos mejor que las utilizan para conseguir estar más tiempo sin dormir y combatir el estrés que, pobrecitos ellos, les atrapa indefectiblemente durante dos meses al año, ya que el resto del curso no viven nada mal.

 

Pues eso, que estaba todavía asimilando la noticia, cuando me dio por echar un vistazo al fotolog; ya saben, esa especie de diario de internet en el que uno cuelga una foto cada día y los colegas le dejan comentarios al respecto. Y un amiguete decía en su página que ya había empezado a tomar las pastis habituales en esta época, paracetamoles, lexatones y otros elementos que nombraba incluso con su nombre comercial. Lo más sorprendente es que otra amiga mía, doctora en ciernes, le decía que eso eran cochinadas ralentizadoras del metabolismo, y que mejor el café... y otra cosa llamada domperidona, que suena parecida a un champán, pero que creo que no tiene nada que ver.

 

Y ahora me explico. Que no digo yo que esté alarmado porque mis amigos se den a las drogas en estos días de estudio intensivo, porque si se venden en las farmacias, muy malas no deben de ser esas sustancias. Simplemente me sorprendió porque yo nunca sentí la necesidad de echar mano de la farmacopea, ni siquiera de la medicina natural; por no gustarme, ni siquiera me gusta el café, que sólo tomaba descafeinados cuando era adolescente y tenía que estirar la propina, porque costaban más baratos que los refrescos. Pero claro:  es que uno hizo la carrera que hizo, Magisterio, que es de esas que a la gente que se tiene que chapar parciales de 200 folios le da la risa cuando se lo cuentas. Los del "pinta y colorea", nos decían. Y lo de ahora, ni les cuento: Periodismo tampoco es para herniarse, un poquito más, en todo caso, "recorta y pega". Así que uno no sabe de noches sin dormir, de días enteros en el aulario o la biblioteca, y tampoco de drogas blandas que ayuden a sobrellevar estos días tan duros para algunos. Así que vayan desde aquí mi solidaridad y respeto para los empollones de pro, que el día de mañana tendrán que levantar el país auditando empresas y diseñando computadoras de ultimísima generación. No como yo, que me pagan por sentarme delante de un micro y decir cuatro tonterías. Si es que ya se lo decía la semana pasada: que el mundo está muy mal repartido...

enviado por EGOSUM25 | 3 comentarios

ESTÁS HACIÉNDOLO MAL

Cantaba Tontxu hace no muchos años una pegadiza canción en la que glosaba la evolución que uno sigue desde que termina de estudiar y empieza a trabajar, y que finaliza en esa vida un tanto convencional y prefabricada que, quien más y quien menos, acaba habitando. En el tema había versos que decían, por ejemplo: "Los gastos del notario, la hipoteca y el euríbor me compré; y en una tienda Ikea, igual que todos, la decoré." Luego llegaban los problemas laborales y salariales, la boda, la familia, los niños y demás parentela, y lo más curioso de todo: Tontxu finalizaba cada estrofa repitiendo: "Estás haciéndolo mal", que por cierto, es el título de la canción.

 

Tiempo pasó desde la primera vez que escuché estos versos, transcurrido el cual empiezo a pensar que voy a tener que dar la razón a Tontxu, especialmente con el tema de la vivienda. Sí: debo de estar haciéndolo mal, rematadamente mal. Porque llevo casi 5 años currelando como un campeón y ahorrando el 80% de lo que gano, para financiar con muchos apuros esos tristes 68 metros cuadrados que dentro de dos o tres años habitaré junto a mi futura. Voy justito, y aún así les tengo que dar las gracias a mis señores padres, que me siguen dando techo y comida. No paso necesidades, por lo tanto, y no les voy a ir con el cuento de que vivo mal, pero tampoco sería del todo sincero si no les digo que me privo de muchos caprichos que otros sí tienen el placer de regalarse. Me refiero a un montón de amigos y conocidos que, aún estando más cerca ya de los 30 que de los 20, no se han planteado ni de forma remota lo de comprarse una casa, y lo que ganan, que es verdad que en ocasiones no es mucho, se lo pulen de forma prácticamente íntegra en lo que podríamos denominar como "vivir muy cómodamente". Una forma de existir en la que, entre otras cosas, cobran gran protagonismo los viajes por casi todo el planeta; excursiones que luego se encargan de restregarte, permitiéndose además mirarte con cierta superioridad, como de gente de mundo, muy viajada y tal.

 

De todos estos fenómenos, que, insisto, son más de lo que parece, hay algunos que han optado por lo que podríamos denominar la "independencia en prácticas", y parte de su sueldo, en caso de que les llegue, lo invierten en el alquiler de un pisito junto a dos o tres colegas. Lo pasan estupendamente: hacen fiestas, alternan la pasta con las pizzas, explotan las posibilidades sexuales de sus respectivas alcobas, y encima luego nadie les obliga a hacer la cama. Pero su viaje es de ida y vuelta, porque saben que cuando vengan los meses difíciles y no quede nada en la cuenta para pagar al casero o simplemente se cansen de la aventura, siempre pueden volver a casa de los viejos, que acogerán a los polluelos de nuevo bajo el techo familiar, porque un padre siempre es un padre. Y así podemos estar hasta los 35, aproximadamente: creo que por ahí anda el límite establecido por la Junta para sus ayudas al alquiler. Si a esto le suman a mayores la subvención de la ministra Chacón, el resultado es que cada vez se lo van a poner más fácil a esta nueva especie de tardo-adultos. Aún así, me quedo con lo positivo: también hay gente currante que lo va a agradecer, como mi amigo y compañero Diego Merayo, que lleva ya más de 6 años fuera de su Ponferrada natal estudiando y trabajando, y muchas veces las dos cosas a la vez.

 

En fin, que debo de estar haciéndolo mal, pero mi educación fue otra. Aunque ya saben lo que se dice por ahí: es una cuestión de mentalidad, puesto que en otros países de Europa, la gente vive mayoritariamente de alquiler, y lo de tener una casa en propiedad es una españolísima paja mental. Pues será eso, y al final van a tener razón mis amigos vividores: tenía que haber viajado más...

enviado por EGOSUM25 | 1 comentarios

QUÉ MAL REPARTIDO ESTÁ EL MUNDO DESDE EL PRIMER MES DE ENERO

Este año que acabamos de inaugurar recibirá algunos lanzamientos musicales esperados, y uno de los que aguardo con más ganas es el nuevo disco de Estopa. Dejando al margen ciertas apologías de las sustancias ilegales, y una fórmula musical que pueda resultar más o menos repetitiva para algunos, lo cierto es que a mí me encantan casi todas sus letras. Recuerdo un verso suyo, acertadísimo, que decía: "Qué mal repartido está el mundo desde el primer mes de enero".

 

Y es que puede sonar a perogrullada, pero había que pararse a pensarlo y escribirlo. Comienza un año nuevo, y nada hace presagiar un cambio en el estado de las cosas, un giro copernicano, esa revolución pendiente que consiga que el mundo esté un poco mejor repartido. Nada de nada; la macroeconomía globalizada nos tiene bien agarrados por donde se están pensando, y no hay margen de maniobra para evitar que los ricos sean cada vez más ricos, y los pobres... pues ya saben. Por cierto, esta semana escuché a un alto cargo del Partido Popular aludiendo precisamente a esta situación, y culpando de ella al gobierno socialista. Qué quieren que les diga, pero no me lo creo; aunque no tengo mucha idea de la materia, creo que, al fin y al cabo, la política mundial económica deja muy poquita capacidad de autonomía a los diferentes gobiernos, y hoy en día, un gobierno de izquierdas puede demostrar su progresía en lo que a medidas sociales se refiere, pero económicamente no se puede nadar contra una corriente tan fuerte, impuesta desde muy arriba por poderosísimos empresarios sin escrúpulos. Y los intentos de cambiar esta tendencia no acaban de convencerme, qué quieren que les diga: la república bananera de Hugo "por qué no te callas" Chávez no es precisamente un paradigma de libertad y sentido común.

 

Lo más triste es que, por mucho que ministros, secretarios de estado, tertulianos y analistas mil nos lo intenten explicar, la gente de a pie es incapaz de entender lo que está pasando. Las amas (y amos) de casa sólo pueden constatar que la cesta de la compra se ha disparado de forma incomprensible en los últimos meses, y no saben muy bien por qué. La desaceleración de la economía, dicen algunos. Pues vale. La crisis en el sector de la construcción, propugnan otros. Mira qué bien. Eso ya va teniendo más sentido, porque hasta el más torpe tenía la mosca tras la oreja al comprobar que constructoras e inmobiliarias llevaban años multiplicándose exponencialmente, que dabas una patada a una piedra y aparecían cuatro promotores. Y para colmo, han puesto el precio de la vivienda en una situación que no hace falta que les defina, porque bien lo saben ustedes, que pagan una hipoteca o que no pueden irse a vivir con sus parejas porque es materialmente imposible comprarse un pisito. Dejando el avance económico de un país en manos de avariciosos sin escrúpulos de esta catadura, justo sería que todo se vaya al garete en un momento dado.

 

Así que apriétense el cinturón, porque este enero va a tener una cuesta más empinada que nunca. Y si aceptan el humilde consejo de un cada vez menos joven de 27 años que ahorra desde hace 5 para su casa de 70 metros cuadrados, les recomiendo que no gasten lo que no tienen. Si próximamente es el cumpleaños de la parienta, seguro que ella va a entender que este año no hay para ese collar de 200 € por el que suspiraba al pasar por el escaparate de la joyería. Ya vendrán tiempos mejores, y a lo mejor un día la cuerda se tensa tanto que salta todo en pedazos, igual hay que empezar de nuevo, y a lo mejor entonces conseguimos que, desde el primer mes de enero, todo esté más repartido.

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

DESDE UN RINCÓN DEL MUNDO, BRINDO CONTIGO

"Desde un rincón del mundo, brindo contigo..." Así lo cantaban hace ya unos cuantos años aquellos maestros del rock en castellano, aquel prodigio de grupo hispano-argentino que se llamaban Los Rodríguez. Se separaron cuando yo era demasiado joven, cuando estaba empezando a disfrutar de su música.

 

Y de la misma forma, las personas que se quieren y se aprecian también a veces deben tomar caminos opuestos o divergentes; es ley de vida. Hablamos de amor, de familia o de amistad, eso es indiferente; pero el caso es que en ocasiones el paso de los años termina por separar a seres queridos de esos a los que uno se ha acostumbrado a tener cerca. El año pasado, más o menos por estas fechas, les contaba mi condición de antinavideño recalcitrante hasta el día en el que me di cuenta que estas fechas me aportaban algo muy positivo, como era el hecho de volver a ver a algunas de esas personas especiales que, como el turrón, volvían a casa por navidad. El caso es que este año es alguno más el que ha levantado el vuelo y ha emigrado a tierras cada vez más lejanas, y ni siquiera algunos de los clásicos han pasado por aquí estas semanas, o al menos no han coincidido para tomar juntos la habitual copita de champán de la tarde de la nochebuena o la nochevieja. Quizá por eso estoy algo más melancólico y sensible de lo normal y me he creído en el derecho de volver a mirar frente a frente a la navidad y decirle que esta vez no le compro la moto, que vuelvo a mi trinchera de militante "anti-estos días".

 

Pero a pesar de todo, intento no dejarme vencer por el desaliento. Hago un esfuerzo y miro a mi alrededor para consolarme en los rostros amigos que, un año más, están a mi lado para llorar o reír conmigo, según toque a cada momento. Esbozo una sonrisa cuando suena mi móvil y uno de los exiliados se acuerda de mí y me desea una feliz anti-navidad, y me reconforto sabiendo que nadie se olvida de que los caminos que tomamos a cada momento son de ida y vuelta, que hay billete abierto para volver a tener cerca a los que se echa de menos. Y me vengo arriba y le cambio la letra a la canción de Los Rodríguez, si hace falta, para decir que quizá no brindo contigo desde un rincón del mundo, pero sí que desde diferentes rincones del mundo tú brindas pensando en mí y yo en ti.

 

Eso sí: si tengo que tomarme una copa por cada persona querida alejada, mi estado etílico al final de la noche puede ser poco recomendable. Las burbujas se mezclarán con alguna lágrima inoportuna, difuminando rostros en la memoria, pero aclarando sentimientos que se viven a flor de piel, con la copa y la cabeza bien altas. Feliz año nuevo para todos.

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

VUELVE "VERSOS ROBADOS"

Después de un período de ausencia motivado por problemas técnicos que me han impedido actualizar el blog, "Versos robados" vuelven de nuevo a estar con vosotros. A fecha de hoy (lunes 14 de enero de 2008), cuelgo los artículos pendientes.

Gracias a todos por seguir al otro lado del ciberespacio, leyendo y dejando comentarios en este rincón en el que siempre sois bienvenidos.

 Abrazos para todos.

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

JODER CON LA CRISIS; ¿DÓNDE ESTÁ LA CRISIS?

 

Me sigue arrancando sonrisas una canción del maestro Joaquín Sabina, esa que se titula "Como te digo una co, te digo la o", y que a lo largo de 8 minutos, a ritmo de rap, desgrana opiniones y valoraciones de toda índole; por boca de una auténtica maruja, eso sí. Y llegadas estas fechas navideñas, recuerdo con insistencia una parte de aquella canción, esa en la que la protagonista contaba a su amiga que había salido a cenar un lunes, y en el restaurante había cola y había que esperar; "joder con la crisis, ¿dónde está la crisis?", decía la buena señora.

 

Y esa es la pregunta que me asalta a mí en épocas como la actual, harto de ver, escuchar y leer acerca de la galopante escalada de precios que, invariablemente, golpea una y otra vez en el mismo sitio; es decir, en el bolsillo del consumidor. No entiendo ni quiero entender de economía, supongo que como la mayoría de los ciudadanos de a pie, salvo los que se dediquen a ello o tengan pensado hacerlo; mi interés por la materia es prácticamente nulo, y sólo se hace notar mínimamente cuando ocurre algo de esto y la lista de la compra se encarece de forma brutal en corto espacio de tiempo. Es entonces cuando te haces preguntas para las que, por supuesto, nadie tiene respuestas exactas. Todo el mundo se queja, todos los que participan en el proceso productivo dicen que a ellos también les suben los precios, pero tiras y tiras del hilo, y al final, los agricultores y ganaderos viven en permanente estado de cabreo porque dicen que a ellos les pagan una miseria por sus productos. Y claro, aquí hay algo que no cuadra.

 

Pero la gota que colma el vaso es contrastar esa imagen repetida hasta la saciedad en los telediarios, la de las opiniones a pie de calle de las amas de casa en los mercados, poniendo cara de resignación y soltando un lastimero: "Hija, no llegamos a fin de mes", con la realidad que uno ve con sus propios ojos. Y la realidad es que no va a haber crisis que valga y estas navidades, como en todas, la peña se volverá a soltar la melena y no va a reparar en gastos. Los grandes almacenes presumen de estar teniendo unas ventas estupendas en lo que a material juguetero se refiere; que los Reyes Magos y Papá Noel cada vez son más previsores, dicen sacando pecho. Y da igual que los langostinos y el lechazo vayan a alcanzar precios estratosféricos, porque no nos va a faltar absolutamente de nada, y nuevamente en nuestra mesa habrá comida como para una boda, porque mejor que sobre que no que falte. Y luego llega el mes de enero con su cuesta y sus rebajas, que no son las de Paco, y el cuento de todos los años.

 

Es el reflejo de esta nuestra sociedad, acostumbrada a gastarse lo que no tiene, o lo que sería más necesario para otro menester que no fuera el de la compra compulsiva y casi histérica. En Navidades se muestra con todo su esplendor, pero también en verano hay gente que pide un crédito para irse 15 días a Benidorm. Y hace dos semanas, estos ojitos que se ha de comer la tierra vieron cómo hordas de vallisoletanos intentaban abrirse paso a codazos para llegar a la barra de los bares de tapas del centro. ¿Dónde está la crisis?

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

DE ELLOS, ¿QUIÉN ME VA A PROTEGER?

Cantaba Ismael Serrano a finales de los 90 unos versos dedicados a las fuerzas de seguridad, aquello de que vivimos atrapados en azul; y más concretamente, en el estribillo de la canción decía: "Ellos me protegen de ti; de ellos, ¿quién me va a proteger?" Por mucho que me gustara la música de este chico, nunca estuve de acuerdo con una visión tan crítica de la policía; pero de repente un día sucede algo que te hace cambiar de opinión y plantearte de nuevo las cosas, al menos.

 

Les cuento la película: el viernes pasado me forzaron la cerradura del coche y se llevaron el radio cd y (sin duda lo que más me molestó) también la mochila con la carpeta y los apuntes de clase. Me ahorraré comentarles el disgusto que me llevé cuando lo descubrí, e incluso el mosqueo que te provocan pequeños detalles, como el hecho de que un sábado por la tarde sólo esté abierta una comisaría en toda la ciudad para poner una denuncia. El caso es que ahí estaba yo, delante del policía de turno, bastante educado y agradable, por cierto, contándole mi pequeña desgracia particular, mientras él tomaba nota diligentemente. Y detrás de este hombre apareció por allí otro señor policía, también bastante simpático, que me invitó a que la mañana siguiente me acercara con mi coche a las dependencias policiales de la calle Felipe II, para echarle un vistazo a ver si podían averiguar algo. Cuando se marchó, mientras seguíamos con el proceso de la denuncia, el primer policía me comentó, con una sonrisa cómplice: "Es nuestro Grissom particular..." Y aunque uno no ve de la tele más que el informativo de las 2:30, sí que tiene su culturilla general como para deducir que se trataba, nada más y nada menos, de uno de la Científica.

 

Emocionante, ¿verdad? Así de contento estaba yo, pensando que, gracias al buen hacer del Grissom pucelano y sus hombres, quizá podría recuperar algunas de mis pertenencias, e incluso los malos tendrían que verse las caras con la ley. Y con esta ilusión y mucho sueño me presenté la mañana del domingo en el lugar indicado. Pero allí no estaba el Grissom pucelano; en su lugar había un par de chusqueros a los que parecía que mi presencia importunaba. Con pocas ganas hicieron una llamada para confirmarme que los de la policía científica estaban liados todo el día y que no iban a aparecer por allí. Aunque lo peor fue sentir cómo uno de ellos prácticamente se choteaba de mí, con frases como "estás perdiendo el tiempo", "tú te has creído que los cacos son tontos", "acaso piensas que vamos a encontrar huellas o algo así". Atónito, sólo alcancé a replicarle que yo sólo estaba allí porque así me lo había dicho el policía del día anterior, pero el chusquero "number one" siguió a lo suyo diciéndome: "Mira, chaval, el radiocasette lo han vendido y los apuntes te los han tirado a un contenedor; estás perdiendo el tiempo, casi mejor vete a casa..." Y claro que me fui, maldiciendo contra todo lo que se me pasaba por la cabeza y preguntándome si entre nuestras obligaciones ciudadanas está la de aguantar a personajes chulescos de esta ralea.

 

Esta semana he oído en la tele que los españoles no denunciamos más de la mitad de los delitos de los que somos víctimas. Pero después de lo que les he contado, ¿de verdad les extraña?

 

enviado por EGOSUM25 | 3 comentarios

QUE YO NO QUIERO UN REY TAN CAMPECHANO

Lo comentaba el otro día una profesora en clase: qué año tan monárquico estamos teniendo a nivel mediático. Que si la quema de fotos del Rey, que si el incidente con Hugo Chávez, que si la separación de los Duques de Lugo... Así que, como comprenderán, mi sección no podía quedarse al margen de uno de los temas del momento, y les robo hoy unos versos a los Estopa, que en una de sus canciones decían: "Que yo no quiero un rey tan campechano, que yo quiero un príncipe enano...".

 

Esa segunda parte, personalmente, me daba un poco igual, pero como buen republicano que soy, el argumento de la campechanía del monarca siempre me pareció bastante pobre para justificar la permanencia de esta anacrónica figura. Porque podría parecer una tontería, pero la popularidad de la familia real se basa precisamente en esa cercanía a sus súbditos (ojo a esta palabrita) que han sabido transmitir. Esta semana escuché a un tertuliano de esta casa comentar en el programa de Carles Francino que los Borbones se estaban equivocando al aparecer tanto en los medios de comunicación, pero yo opino justamente lo contrario. Nuestra familia real (y digo nuestra porque en mi DNI consta que soy ciudadano español) ha sabido rentabilizar perfectamente sus apariciones en prensa, radio y televisión para forjarse esa imagen de gente próxima y accesible que les ha granjeado la simpatía de buena parte de la población, incapaz de plantearse la utilidad de sus cargos más allá de esas buenas maneras.

 

Por esto es por lo que no coincido con el compañero analista de "Hoy por hoy". Podría compartir su opinión quizá si se matizara que no son buenas para la Casa Real las apariciones mediáticas que se desmarquen de ese perfil de discreción y simpatía (por ejemplo, el encontronazo de don Juan Carlos con el presidente de Venezuela) porque podrían minar esa percepción de sosiego y tranquilidad de la monarquía por parte de los españoles. Pero es que ni así; porque lo que ha ocurrido ha sido justamente lo contrario. La sorprendente reacción del rey, sacrificando su lado campechano en aras de unas formas poco o nada habituales en él, no sólo no ha sentado mal entre la mayor parte de la población española, sino que ha suscitado numerosas muestras de apoyo. Y no hablo solo de los filoborbónicos o monárquicos declarados, sino que hasta los republicanos más recalcitrantes, entre los que me incluyo, soltamos un castizo "¡olé!" cuando escuchamos el ya mítico "¿por qué no te callas?" También es verdad que el Rey tenía delante a un papanatas inigualable, un maleducado impresentable de esos que crean rechazo por donde pasan y que hacen sentir vergüenza a las personas honradas que creen en el socialismo como ideología legítima.

 

En fin, que no digo yo que me vaya a volver monárquico así, de repente, pero la demostración de don Juan Carlos de que, aunque a veces no lo parezca, sí que tiene sangre, me ha recordado el final de uno de los episodios del Capitán Alatriste. En él, el veterano de Flandes, a punto de palmarla junto a Felipe IV en una emboscada, observa atónito cómo su rey le clava el acero a la desesperada a uno de los enemigos. Al capitán se le dispara entonces la adrenalina y se lanza a un combate imposible pensando: "Por este rey sí merece la pena morir."

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

LA CIUDAD PARECE UN MUNDO CUANDO SE AMA A UN HABITANTE

 

"La ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante." Esto lo cantaba Ismael Serrano hace unos años, y su canción puede ser una perfecta banda sonora para estos días de otoño, o casi ya invierno, en los que la temperatura se desploma de forma prácticamente definitiva en Valladolid, excepción hecha de las horas más centrales del día; aunque esto también será por poco tiempo, antes de que el crudo invierno de Castilla reclame sus derechos anuales.

 

Se suele decir que el otoño es la estación melancólica por antonomasia, y un paseo por Valladolid en uno de estos días puede ser la perfecta confirmación de esa teoría. Cuando las nubes o la niebla no han difuminado las calles con su triste color gris, y permiten al sol mostrarse en su timidez, los atardeceres se tiñen en esta estación de unas tonalidades increíblemente bellas, unos colores vivos y brillantes que parecen querer mostrarse con furia antes de que las borrascas del invierno terminen por hacerlos desaparecer de nuestros ojos. Nos parece increíble, pero echamos de menos las gafas de sol que hace ya muchas semanas guardamos en el fondo de un cajón o una maleta junto a otros elementos propios del verano; y es que el sol de invierno es frío en la piel pero caliente en la mirada.

 

Los parques destilan humedad, y nuestras pisadas pasan continuamente del blando de la tierra mojada al crujido de las hojas secas que han ido dejando huérfanos a los árboles, y que tapizan las aceras a nuestro paso. El anochecer llega traicionero, antes de tiempo desde que hace unas semanas quisimos ganarle unos minutos de luz diurna al invierno, y si nos sorprende cerca de las riberas del Pisuerga o el Esgueva, el frío puede calarnos hasta los huesos y provocarnos esa desagradable sensación de humedad de la que luego es tan difícil desprendernos el resto del día. La ciudad nos guiña sus millones de ojos en forma de luces, desde las casas, desde los coches, desde los escaparates, y agachamos la cabeza, incómodos, mientras nos arrebujamos en el abrigo.

 

Y la banda sonora también se vuelve algo más triste, aunque sean las mismas canciones de hace tres meses. Nada queda ya de esas mañanas de verano, camino del trabajo en manga corta, en las que uno sentía ganas de bailar, cantar y gritar al mundo que estaba más vivo que nunca, al ritmo de las canciones que reproducía el mp3. Ahora la música suena más triste, más melancólica, y las canciones le asaltan a uno por sorpresa, mostrándole recovecos de su letra y arreglos en los que antes no había reparado, dejándole sumido en la reflexión.

 

Caminamos. Pensamos en nada y en todo. El trabajo, la hipoteca, la cena, la factura del teléfono, o el amor. Ha llegado el maldito frío. La ciudad parece más grande, un mundo, cuando se ama a un habitante. Nadie sabe por qué, pero es así. Y lo peor es que ese mundo nos resulta más ajeno y lejano, mucho menos agradable que el amor que nos espera al final del día en alguna cafetería del barrio o del centro, para darle a esta ciudad los besos y caricias que necesita.

enviado por EGOSUM25 | 1 comentarios

JUEGOS DE MANOS A LA SOMBRA DE UN CINE DE VERANO

 

Hoy se echa el cierre a una edición más de nuestra semana internacional de cine, la Seminci. Exactamente, la que estamos a punto de clausurar es la que hace la número 52, lo que quiere decir que este festival empezó a celebrarse en la época en la que el cine era otra cosa; ya saben, no sólo el séptimo arte, sino un lugar mágico en el que escapar de la a veces demasiado triste realidad del día a día, una ventana a la que asomarse a un mundo repleto de sueños e ilusiones más o menos inalcanzables, y también, cómo no, ese rincón oscuro en el que se intentaba dar rienda suelta a pequeñas pasiones carnales, más bien inocentes, escondidos en las sombras de la última fila. Así lo cantaba el maestro Sabina en aquella canción que hablaba de "juegos de manos a la sombra de un cine de verano".

 

A pesar de que en aquellos años 50 en los que se alumbró nuestra Seminci, España comenzaba a dejar atrás los años de mayores penurias tras la guerra civil y se iniciaba aquella fase que se dio en llamar "el desarrollismo", la economía seguía sin estar para tirar cohetes; así que no sé si esa coyuntura influyó en el espíritu del festival, que tradicionalmente ha sido considerado como austero y sobrio, lejos del glamour estelar de otras citas como San Sebastián. En realidad, esta característica ha terminado siendo el rasgo identitario principal de la semana; y sin embargo, noto cierta decepción y tono resignado en los comentarios de quienes año tras año acuden fieles a este festival tan desangelado de caras conocidas. Aunque quizá sea sólo una impresión por parte de quien no sigue con demasiado interés la actualidad de la Seminci.

 

Atrás quedaron mis tiempos de estudiante de audiovisuales, en los que había que aparentar que te gustaba el cine raro para que se notara que eras un tipo culto; de aquella época data mi única visita al festival, para ver un tostón insufrible de Costa-Gavras, que encima se programó a las 4 de la tarde, con el inevitable resultado del siestón colectivo por parte del 70 por ciento de la clase. Ahora nadie me obliga a prestar más atención que la meramente cortés a una cita por la que tengo todo el respeto del mundo, pero de la que no me acaba de convencer el excesivo ambiente de pretensión cultural por parte de muchos asistentes a las proyecciones. Para que me entiendan: gente que va a la Seminci para poder decir luego que va a la Seminci, y después no suelen pisar por las salas el resto del año, con la excusa de que "es que el cine es muy caro".

 

Mi caso es justo el contrario: me veo una peli cada dos semanas durante los 12 meses del año, aunque luego no ejerza de "semanista". Y encima me llevo la sorpresa de ir a ver una cinta cuyo argumento o trailer me han resultado llamativos, y en los créditos del principio me encuentro con que se proyectó en nuestra Seminci, aunque yo no tuviera ni idea. O al revés: he visto recientemente el trailer de "Oviedo Express", la última de Gonzalo Suárez, y cuando ya tenía más que decidido que no podía perdérmela, me enteré de que también se proyectaba en el festival. Y en estos casos, desde luego, prefiero verla en salas comerciales, y a ser posible un día de diario en última sesión: soy de esos antisociales que disfrutan más cuanta menos gente haya en el cine. Justo lo contrario de lo que ocurre en la Seminci; aunque tengo la esperanza de que los "semanistas" no coman patatas fritas ni se dejen el móvil encendido.

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

QUÉ TRISTE SE OYE LA LLUVIA EN LOS TECHOS DE CARTÓN

 

“Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón”. Así lo cantaba Javier Álvarez hace ya unos años, y así debe de ser seguir siendo en este 2007. O eso suponemos, porque al fin y al cabo, creo que ninguno tuvimos que pasar por el trago de vivir en una chabola.

 

Y el caso es que existen, aunque a veces nos empeñemos en no querer verlas, como tantas otras cosas. Lo que pasa es que, de vez en cuando, el telediario nos escupe a la cara retazos de realidad en estado puro, sin darnos tiempo a coger el mando y cambiar de canal; y entonces nos topamos cara a cara con la pobreza, que nos mira de frente, a veces con los ojos tristes de un niño hambriento, en ocasiones con la mirada iracunda de un adulto harto de vivir a ese otro lado. Tal y como acaba de ocurrir hace un par de días en la Cañada Real Galiana de Madrid, con la piqueta municipal haciendo su aparición, escoltada de policía, para continuar derribando chabolas ilegales, como llevaba haciendo desde la semana pasada. Pero esta vez fue diferente, los inquilinos se negaron a abandonar su hogar, y el resultado ya lo conocen: batalla campal entre policía y vecinos, con unas preocupantes cuotas de agresividad por parte de ambos bandos.

 

Nadie quiera ver una moralina en esto, pero a veces a uno le queda la sensación de que somos unos cínicos. Formamos parte de una sociedad que disfruta de unos niveles de confort envidiables, y en estos momentos nos estamos llevando las manos a la cabeza por la subida desmesurada de los precios de ciertos bienes de consumo. Empezó con la burbuja inmobiliaria, las hipotecas asesinas, y ahora continúa con el pan, la leche y un montón de productos más que aumentan su precio considerablemente, mientras nosotros ponemos el grito en el cielo porque no llegamos a fin de mes. Claro, nos ahoga la economía, pero sin querer renunciar a las comodidades a las que estamos tan malacostumbrados; nos quejamos de que los sueldos no nos llegan, pero nadie se priva del teléfono móvil, de Internet, de salir de tapas un par de veces a la semana, ni, por supuesto, de los 15 ó 30 días de vacaciones en la playa cada verano. Ésas son nuestras desventuras, que me imagino el efecto que tienen que causar en los que realmente no tienen nada.

 

Viene todo esto al hilo de que acabamos de celebrar, si es que esta palabra es válida para este contexto, la semana contra la pobreza. Y cuando uno está en pleno proceso de preguntarse a sí mismo qué es lo que podría hacer para echar una mano, va y lee en el periódico que la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, dilapida enormes sumas de dinero. Y entonces te quedas quieto, muy quieto, imaginándote la lluvia cayendo, sucia y gris, sobre esos techos de cartón, y luego mueves la cabeza negativamente, muy despacito, pensando que este mundo, a veces, es una maldita broma de muy mal gusto. 

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

AL COMPÁS DEL CHACACHÁ, DEL CHACACHÁ DEL TREN

Ya lo decía aquel cantar del año la tos, convertido después en clásico imprescindible en bodas y celebraciones varias gracias al buen hacer de “El Consorcio”: “Al compás del chacachá, del chacachá del tren…”. Y en Valladolid no queremos ser menos y también nos movemos (y más que lo vamos a hacer) al ritmo que marca el ferrocarril, aunque los adelantos tecnológicos han variado sensiblemente el ruido de la maquinaria de este medio de transporte, desde los primeros convoyes movidos a vapor. Pero, por lo visto, aún desde que naciera el tren a principios del siglo XIX, uno de los indicadores clave del desarrollo de un país sigue siendo la calidad de su red ferroviaria.

 

Un servidor, en quien temprano despuntaba ya su tendencia natural de comunicador, se lo contaba a sus amigos adolescentes cuando estos aún no sabían de qué iba la película: el gran cambio de esta ciudad se producirá en la primera década del siglo XXI, con la llegada del tren de alta velocidad. Claro que, años después, he tenido que matizar mis palabras: primero, porque la obra no la veremos terminada hasta el siguiente decenio, y segundo, porque la gran metamorfosis urbanística no se producirá con la llegada de este ingenio, sino con su soterramiento; ilusos de nosotros, que pensábamos que ambos conceptos irían unidos…

 

De todas formas, y piques políticos aparte, la peña anda encantada con eso de que vamos a estar muy cerquita de Madrid, lo mucho que va a crecer nuestra ciudad, y todas esas cositas. A mí me parece estupendo que los Madriles se queden a 55 minutillos, pero que este hecho conlleve un gran crecimiento demográfico en Valladolid, no me hace ninguna ilusión. La nuestra es una ciudad de tamaño ideal, o lo era hasta hace escaso espacio de tiempo, puesto que todos empezamos a notar ciertos inconvenientes propios de ciudades más grandes, especialmente el tráfico; así que el hecho de que esto se convierta en una ciudad dormitorio de la capital de España, más bien me preocupa.

 

Aún así, esta semana escuché a un mandamás de la asociación de promotores inmobiliarios decir que de eso, nada; que andamos muy equivocados. Que acaban de vender una promoción de chalets en Olmedo, apeadero del AVE, y que no ha comprado nadie de Madrid. Uno piensa que es normal, porque algo en lo que parece que algunos no reparan es en el elevado precio de este tren; pero acto seguido, el amigo promotor matizaba que lo que sí que se espera es turismo madrileño vía ferrocarril; gente que vendrá a comer lechazo y a beber Riberas sin preocuparse de los controles de alcoholemia. De eso sí que vamos a tener por un tubo, dicen.

 

Y claro, a uno se le cae el alma a los pies, porque ya me dirán a cuánto sale una jornada de asueto así, con viaje en AVE y comida de lujo; no te queda más remedio que sentirte un poquito gilipollas al darte cuenta de que tú no perteneces ni pertenecerás nunca a la élite que puede permitirse esos viajecitos de fin de semana. Pero no todo está perdido: los que nos estamos comprando el pisito de protección oficial cerca de las vías, nos frotamos las manos pensando en lo que se va a revalorizar cuando el tren circule bajo tierra. Claro que, para entonces, la burbuja inmobiliaria habrá estallado y ya nos dará igual todo; incluso hasta echamos de menos tener las vías sobre la tierra para, en último extremo, tendernos sobre ellas y mandar todo al carajo.

enviado por EGOSUM25 | 0 comentarios

EL VERANO PASÓ, COMO UN RAYO DE LUZ MONTADO EN BICICLETA

Pues nada, que ya estamos en octubre Con el otoño, la estación melancólica por antonomasia y todo eso. Y no deja de sorprenderme lo rápido, cada vez más, que suceden los días, las semanas, los meses, los cambios de estación. Será la edad, ya saben.

 

Cantaba Tontxu aquello de que “el verano pasó, como un rayo de luz montado en bicicleta”, y este año le doy más la razón que nunca. Tengo una verdadera relación de amor odio con el estío, ¿saben? Desde pequeñajo. Siempre que me preguntaban cuál era mi estación preferida, respondía sin dudar: el verano. Y ahora quizá también, pero desde luego me lo pienso un poquito más. La cosa es que ya cuando era chaval, el solsticio de junio traía consigo todas las cosas buenas que de él se esperaban, como el buen tiempo, las vacaciones, la piscina… Pero también un pequeño trauma, que era el de no tener pueblo; hecho este que suponía sentirme un poco solo durante algunas semanas, cuando los amigos de la infancia, y después también los de la adolescencia, se acercaban a pasar unos días a sus orígenes, o al menos a los de sus padres o abuelos.

 

Con el paso del tiempo, la llegada del verano empezó a no significar necesariamente vacaciones, o al menos no de forma completa; ya saben, uno que no fue estudiante modelo y tuvo que hacer codos como castigo por no haber trabajado lo suficiente durante el curso. Aún así, todavía se podía compaginar con las visitas diarias a la piscina, para disfrutar de la sombra de los pinos junto a la gente de todos los veranos, que a fuerza de costumbre, terminaron por hacerse indispensables. Aquellas partidas al ping pong, aquellos maratones futbolísticos bajo el sol de julio y agosto, y aquellas charlas nocturnas en los bancos o en las hamacas. Hasta que empezamos a hacernos mayores y a espaciar cada vez más hasta reducir a la nada las visitas a la vieja finca del pinar de Antequera.

 

Y hoy en día, la llegada del verano supone poco más que la perspectiva de las anheladas vacaciones, mucho más valoradas cuando ya se pertenece al mundo laboral y no al estudiantil. Quizá por eso, cada vez más el verano me agobia; no en sí mismo, sino porque cuando termina, tengo la sensación de no haber sabido aprovechar lo suficiente una estación que siempre fue tan especial. Y este año más que nunca, toda vez que la climatología ha sido una broma de mal gusto, y hubo que guardar las sandalias y los pantalones piratas sin haberles podido lucir todo lo que nos hubiera gustado.

 

Pero en fin. Adiós, tristeza. Con el final del verano y el comienzo del otoño llegan también novedades a nuestras vidas, sobre todo a la mía este año. Y octubre nos trae, por ejemplo, el comienzo de la nueva temporada de este programa y mi reencuentro con todos ustedes. Así que con eso nos quedamos, con lo bueno de cada momento del año, que no duden que siempre hay cosas positivas en cada etapa. Creo, de hecho, que ahí está la magia de este invento que es la vida.

enviado por EGOSUM25 | 3 comentarios

DISCULPAS + POST ATRASADO: FIBRA OPTICA Y LADILLAS

Pido disculpas por no haber podido estar de vuelta con la sección en la fecha prometida, pero con motivo de la programación especial de Ferias en la Cadena Ser no ha habido tiempo para incluir los "versos robados". Espero que este sábado 22 de septiembre todo vuelva a la normalidad y tengamos la oportunidad de encontrarnos de nuevo en la radio.

Mientras tanto, para matar el gusanillo, dejo colgados los últimos "versos" emitidos, con fecha de 4 de agosto, que en su momento no pude publicar por los problemas técnicos ya comentados.

Abrazos para todos, gracias por seguir ahí.

 

Hace poco más de una semana andaba yo por la tierra de Soria, disfrutando del concierto conjunto de Sabina y Serrat (y también de la noche Soriana, por qué no decirlo). No estoy aquí para hablarles del recital, porque para empezar no podría contárselo con palabras, así que lo mejor que puedo hacer es recomendarles que no se lo pierdan si tienen la oportunidad; no, simplemente es que coincide que Sabina es el autor de los versos que he escogido hoy, incluidos en una de las canciones de su último trabajo, y que lleva por título “Máter España”. En esta canción, el “Flaco” enumera una larga lista de imágenes paradójicas y contradictorias de las que se encuentran habitualmente en este país llamado España. De todas ellas, sin duda la que más me gusta es aquella que define a nuestra patria como “fibra óptica y ladilla”.

 

No se me ocurre imagen más fiel. A veces nos creemos que vivimos en un país moderno, y de repente la realidad nos larga una ráfaga a quemarropa y nos recuerda lo cutres que somos, o que seguimos siendo. Tendemos a creernos el ombligo del mundo, que estamos a la última en adelantos, tecnología y nivel de vida, pero se cae un cable y volvemos a los años 30. Me estoy refiriendo al incidente vivido la semana pasada en Barcelona, y cuyas consecuencias siguen soportando varios miles de vecinos (y lo que te rondaré, morena). Ese apagón general tan difícil de explicar, o al menos la increíble tardanza en dar respuestas eficaces a los problemas derivados del mismo, soluciones arcaicas como esos generadores atronando día y noche y quitando el sueño a unos vecinos con sobrecarga en su paciencia. Y eso ocurre en la ciudad condal, que presume de moderna y cosmopolita, y que hace 15 años deslumbraba al mundo entero con los mejores juegos olímpicos de la historia.

 

Claro, a los castellanos nos da la risa cuando oímos al cacique nacionalista, egoísta e insolidario de turno (a veces tiendo a pensar que esas tres palabras son sinónimas, o al menos, complementarias) definiendo la situación en términos de las pocas inversiones que el estado realiza en Cataluña, lo abandonados que se sienten y todas esas cositas. Hay que joderse. Y nos lo dicen cuando aquí también están cociendo habas; o topillos, no lo tengo claro. En Canarias, más que cocerse, se asan directamente en los incendios que asolaron estos días el archipiélago. Y cuando no, es un buque que naufraga cerca de la costa y lo pone todo perdidito de petróleo. Pero todas estas situaciones, con un denominador común: la falta de previsión, la lentitud de respuesta, la falta de soluciones, y por supuesto, el lavarse las manos y echar la culpa al otro. Me da igual ayuntamientos, que juntas o gobiernos nacionales, sean del signo que sean: siempre la chapuza permanente aparece como la marca de la casa en cualesquiera de estas situaciones.

 

Acaba de llegar nuestro compañero Tornadijo de cubrir la pretemporada del Real Valladolid en tierras holandesas, y me dice lo que ya nos imaginábamos: que viene de otro mundo. Que el país de los tulipanes tiene además unas increíbles infraestructuras, por ejemplo, en medios de transporte. Que las autopistas están totalmente iluminadas. Y que esto sigue siendo casi el tercer mundo. Pero no pasa nada: seguimos contentos y felices, porque en España salimos de tapas, porque somos los inventores de la siesta,  y porque esos sosos de centroeuropeos envidian este sol tan cojonudo que calienta nuestros veranos.

 

enviado por EGOSUM25 | 5 comentarios
Más envíos Página siguiente >