QUÉ RICAS PASTILLITAS, VERDES, ROJAS Y AMARILLAS
Hoy les voy a pedir que se retrotraigan unos cuantos años en la historia reciente: más de 15 ya, y es que hay que ver cómo ha pasado el tiempo. Era el nacimiento de la década de los 90, la música "mákina" estaba de moda y la "ruta del bakalao" era lo más del momento. Y en ese hábitat surgieron tipos como un tal Chimo Bayo (que creo que sigue pinchando en discotecas levantinas), con estribillos tan imposibles como sospechosos. ¿Se acuerdan de aquel "qué ricas pastillitas, verdes, rojas y amarillas"?
Las drogas, especialmente las de diseño, que eran el último grito, formaban parte de aquella locura colectiva del momento; y que yo sepa, no es que ese desmadre haya vuelto a ponerse de moda, pero hace un par de días recordé este tema del que les hablaba. Me lo trajo a la cabeza una noticia que escuché en el telediario, y que venía a decir que esta época es próspera para la gente dedicada a las farmacias, herbolarios y otros asuntos relacionados con el "córpore sano". ¿La razón? Los estudiantes y sus exámenes. Resulta que cada vez son más los universitarios que recurren a las medicinas, unas naturales y otras no, para conseguir superar sus pruebas académicas con buenos resultados; o, para ser más fieles a la verdad, digamos mejor que las utilizan para conseguir estar más tiempo sin dormir y combatir el estrés que, pobrecitos ellos, les atrapa indefectiblemente durante dos meses al año, ya que el resto del curso no viven nada mal.
Pues eso, que estaba todavía asimilando la noticia, cuando me dio por echar un vistazo al fotolog; ya saben, esa especie de diario de internet en el que uno cuelga una foto cada día y los colegas le dejan comentarios al respecto. Y un amiguete decía en su página que ya había empezado a tomar las pastis habituales en esta época, paracetamoles, lexatones y otros elementos que nombraba incluso con su nombre comercial. Lo más sorprendente es que otra amiga mía, doctora en ciernes, le decía que eso eran cochinadas ralentizadoras del metabolismo, y que mejor el café... y otra cosa llamada domperidona, que suena parecida a un champán, pero que creo que no tiene nada que ver.
Y ahora me explico. Que no digo yo que esté alarmado porque mis amigos se den a las drogas en estos días de estudio intensivo, porque si se venden en las farmacias, muy malas no deben de ser esas sustancias. Simplemente me sorprendió porque yo nunca sentí la necesidad de echar mano de la farmacopea, ni siquiera de la medicina natural; por no gustarme, ni siquiera me gusta el café, que sólo tomaba descafeinados cuando era adolescente y tenía que estirar la propina, porque costaban más baratos que los refrescos. Pero claro: es que uno hizo la carrera que hizo, Magisterio, que es de esas que a la gente que se tiene que chapar parciales de 200 folios le da la risa cuando se lo cuentas. Los del "pinta y colorea", nos decían. Y lo de ahora, ni les cuento: Periodismo tampoco es para herniarse, un poquito más, en todo caso, "recorta y pega". Así que uno no sabe de noches sin dormir, de días enteros en el aulario o la biblioteca, y tampoco de drogas blandas que ayuden a sobrellevar estos días tan duros para algunos. Así que vayan desde aquí mi solidaridad y respeto para los empollones de pro, que el día de mañana tendrán que levantar el país auditando empresas y diseñando computadoras de ultimísima generación. No como yo, que me pagan por sentarme delante de un micro y decir cuatro tonterías. Si es que ya se lo decía la semana pasada: que el mundo está muy mal repartido...