JODER CON LA CRISIS; ¿DÓNDE ESTÁ LA CRISIS?

 

Me sigue arrancando sonrisas una canción del maestro Joaquín Sabina, esa que se titula "Como te digo una co, te digo la o", y que a lo largo de 8 minutos, a ritmo de rap, desgrana opiniones y valoraciones de toda índole; por boca de una auténtica maruja, eso sí. Y llegadas estas fechas navideñas, recuerdo con insistencia una parte de aquella canción, esa en la que la protagonista contaba a su amiga que había salido a cenar un lunes, y en el restaurante había cola y había que esperar; "joder con la crisis, ¿dónde está la crisis?", decía la buena señora.

 

Y esa es la pregunta que me asalta a mí en épocas como la actual, harto de ver, escuchar y leer acerca de la galopante escalada de precios que, invariablemente, golpea una y otra vez en el mismo sitio; es decir, en el bolsillo del consumidor. No entiendo ni quiero entender de economía, supongo que como la mayoría de los ciudadanos de a pie, salvo los que se dediquen a ello o tengan pensado hacerlo; mi interés por la materia es prácticamente nulo, y sólo se hace notar mínimamente cuando ocurre algo de esto y la lista de la compra se encarece de forma brutal en corto espacio de tiempo. Es entonces cuando te haces preguntas para las que, por supuesto, nadie tiene respuestas exactas. Todo el mundo se queja, todos los que participan en el proceso productivo dicen que a ellos también les suben los precios, pero tiras y tiras del hilo, y al final, los agricultores y ganaderos viven en permanente estado de cabreo porque dicen que a ellos les pagan una miseria por sus productos. Y claro, aquí hay algo que no cuadra.

 

Pero la gota que colma el vaso es contrastar esa imagen repetida hasta la saciedad en los telediarios, la de las opiniones a pie de calle de las amas de casa en los mercados, poniendo cara de resignación y soltando un lastimero: "Hija, no llegamos a fin de mes", con la realidad que uno ve con sus propios ojos. Y la realidad es que no va a haber crisis que valga y estas navidades, como en todas, la peña se volverá a soltar la melena y no va a reparar en gastos. Los grandes almacenes presumen de estar teniendo unas ventas estupendas en lo que a material juguetero se refiere; que los Reyes Magos y Papá Noel cada vez son más previsores, dicen sacando pecho. Y da igual que los langostinos y el lechazo vayan a alcanzar precios estratosféricos, porque no nos va a faltar absolutamente de nada, y nuevamente en nuestra mesa habrá comida como para una boda, porque mejor que sobre que no que falte. Y luego llega el mes de enero con su cuesta y sus rebajas, que no son las de Paco, y el cuento de todos los años.

 

Es el reflejo de esta nuestra sociedad, acostumbrada a gastarse lo que no tiene, o lo que sería más necesario para otro menester que no fuera el de la compra compulsiva y casi histérica. En Navidades se muestra con todo su esplendor, pero también en verano hay gente que pide un crédito para irse 15 días a Benidorm. Y hace dos semanas, estos ojitos que se ha de comer la tierra vieron cómo hordas de vallisoletanos intentaban abrirse paso a codazos para llegar a la barra de los bares de tapas del centro. ¿Dónde está la crisis?

Publicado viernes, 07 de diciembre de 2007 20:13 por EGOSUM25

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