EL VERANO PASÓ, COMO UN RAYO DE LUZ MONTADO EN BICICLETA

Pues nada, que ya estamos en octubre Con el otoño, la estación melancólica por antonomasia y todo eso. Y no deja de sorprenderme lo rápido, cada vez más, que suceden los días, las semanas, los meses, los cambios de estación. Será la edad, ya saben.

 

Cantaba Tontxu aquello de que “el verano pasó, como un rayo de luz montado en bicicleta”, y este año le doy más la razón que nunca. Tengo una verdadera relación de amor odio con el estío, ¿saben? Desde pequeñajo. Siempre que me preguntaban cuál era mi estación preferida, respondía sin dudar: el verano. Y ahora quizá también, pero desde luego me lo pienso un poquito más. La cosa es que ya cuando era chaval, el solsticio de junio traía consigo todas las cosas buenas que de él se esperaban, como el buen tiempo, las vacaciones, la piscina… Pero también un pequeño trauma, que era el de no tener pueblo; hecho este que suponía sentirme un poco solo durante algunas semanas, cuando los amigos de la infancia, y después también los de la adolescencia, se acercaban a pasar unos días a sus orígenes, o al menos a los de sus padres o abuelos.

 

Con el paso del tiempo, la llegada del verano empezó a no significar necesariamente vacaciones, o al menos no de forma completa; ya saben, uno que no fue estudiante modelo y tuvo que hacer codos como castigo por no haber trabajado lo suficiente durante el curso. Aún así, todavía se podía compaginar con las visitas diarias a la piscina, para disfrutar de la sombra de los pinos junto a la gente de todos los veranos, que a fuerza de costumbre, terminaron por hacerse indispensables. Aquellas partidas al ping pong, aquellos maratones futbolísticos bajo el sol de julio y agosto, y aquellas charlas nocturnas en los bancos o en las hamacas. Hasta que empezamos a hacernos mayores y a espaciar cada vez más hasta reducir a la nada las visitas a la vieja finca del pinar de Antequera.

 

Y hoy en día, la llegada del verano supone poco más que la perspectiva de las anheladas vacaciones, mucho más valoradas cuando ya se pertenece al mundo laboral y no al estudiantil. Quizá por eso, cada vez más el verano me agobia; no en sí mismo, sino porque cuando termina, tengo la sensación de no haber sabido aprovechar lo suficiente una estación que siempre fue tan especial. Y este año más que nunca, toda vez que la climatología ha sido una broma de mal gusto, y hubo que guardar las sandalias y los pantalones piratas sin haberles podido lucir todo lo que nos hubiera gustado.

 

Pero en fin. Adiós, tristeza. Con el final del verano y el comienzo del otoño llegan también novedades a nuestras vidas, sobre todo a la mía este año. Y octubre nos trae, por ejemplo, el comienzo de la nueva temporada de este programa y mi reencuentro con todos ustedes. Así que con eso nos quedamos, con lo bueno de cada momento del año, que no duden que siempre hay cosas positivas en cada etapa. Creo, de hecho, que ahí está la magia de este invento que es la vida.

Publicado sábado, 06 de octubre de 2007 14:39 por EGOSUM25

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Comentarios

sábado, 06 de octubre de 2007 17:33 by Maria

# re: EL VERANO PASÓ, COMO UN RAYO DE LUZ MONTADO EN BICICLETA

Estoy tan de acuerdo con el artículo que diríase escrito por mi, que mágico era el verano entonces, cuando el calor lo soportábamos hasta con cierto olor especial, recuerdos aquellas siestas en mi pueblo jugando en el zaguan de mi abuela, con el suelo de pizarra y el pozo al lado del escalón donde jugaba, abrias el postigo y no se veía ni un pájaro; cuando terminaba era triste y en ese momento te dabas cuenta que no lo habías aprovechado lo suficiente; es como la VIDA...

viernes, 02 de noviembre de 2007 10:09 by ana ulloa

# re: EL VERANO PASÓ, COMO UN RAYO DE LUZ MONTADO EN BICICLETA

qué bueno eso de que a fuerza de costumbre terminaron por hacerse indispensables... besos

sábado, 19 de enero de 2008 15:58 by Bea

# re: EL VERANO PASÓ, COMO UN RAYO DE LUZ MONTADO EN BICICLETA

Muy bueno, sí señor

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