YA VOTE POR VEZ PRIMERA

      Más recuerdos del radiocasette del coche: un disco de aquel trío catalán denominado La Trinca, que hacían del humor inteligente su bandera hasta que les dio por meterse de lleno en su vocación televisiva, y alumbraron con su productora formatos tan rentables como escasos en su calidad al estilo de “Operación Triunfo” o “Crónicas Marcianas”. Pero antes nos dejaron joyas como un trabajo grabado en el año 82, que repasaba, siempre en clave irónica, la actualidad del momento en una España que aún balbuceaba en términos democráticos; por lo que no es de extrañar que una de las canciones narrara ese momento emocionante que es el del debut ante al urna. La gracia del asunto estaba en el doble sentido en el que se contaba la historia, de tal forma que parecía que lo que realmente se narraba era la primera visita a un burdel, hasta que en el último verso, por fin, los “trincos” decían aquello de “ya voté, por vez primera, ya voté”. (Y no hace falta que les diga que pasaron unos cuantos años hasta que entendí el lado cómico del asunto).

      Mucho tiempo ha pasado desde entonces, y muchas cosas. El sistema democrático ya no está en pañales (supuestamente), pero por desgracia no se puede decir lo mismo de la mentalidad de muchos compatriotas, que sigue siendo bastante cerril, dando incluso la sensación de añoranza de cierta forma de poder autoritaria que el país soportó durante casi 40 años. Como decía aquel: “somos así, señora”. Y es que es cierto: como comentaba un compañero esta semana, da la sensación de que, para el español medio, la forma ideal de gobierno es la dictadura: pan y circo, o fútbol en su defecto, y al llegar a casa cenar y tomarse una cerveza viendo el fútbol. Y de la política que se encarguen otros, que a mí me importa un carajo. Quizá hasta cierto punto tengan algo de razón, o visto desde otra forma, mucha parte de la culpa la tenga una clase política como la que tenemos la desgracia de sufrir en este país. Yo, por mi parte, ya he votado en dos generales y estas van a ser mis terceras municipales y autonómicas, pero reconozco que ganas, lo que se dice ganas de votar, porque alguno se lo merezca, hay más bien pocas. En todo caso, lo que hace vencer la pereza y encaminarte al colegio electoral papeleta en mano en el último momento es más bien el peso de la conciencia, la responsabilidad social o como quieran llamarlo, que le recuerda a uno que un acto tan simple como introducir el voto en la urna, costó en su momento más de lo debido. De entrada, una guerra civil en la que un bando (el derrotado) luchó por defender este derecho. Y 40 años después, muchas manifestaciones, muchas canciones de cantautor y mucha mano izquierda (en aquella ocasión sí) por parte de una clase política que supo encarrilar el cambio de régimen, gracias a la buena voluntad y a las ganas de cambiar las cosas.

      Pero ahora, en este 2007, en esta era de la crispación, poco o nada queda de todo aquello. Las cosas han vuelto a cambiar, algunas, y otras no tanto. Por ejemplo, no hace muchos días que una asociación de periodistas alertaba acerca de las crecientes dificultades que encuentran día a día para realizar su trabajo entre la clase política. Y es que, además de la crispación, también estamos en la era de la información y del control mediático, y ahora los partidos se gastan enormes sumas de dinero en conseguir, por ejemplo, que los mítines sean auténticos espectáculos mediáticos. Las cadenas de televisión ya no llevan sus cámaras para grabar a los candidatos, sino que una productora contratada por el partido ofrece una única señal institucional, y a los oradores les avisan del momento en el que las grandes emisoras nacionales conectan en directo para clavar en ese instante la frase más lapidaria del acto. Porque antes que los 2.000 que están el pabellón, importan más los 5 millones que lo ven por la pequeña pantalla. Y nosotros asistimos impasibles al circo, soportando la vacuidad de estos políticos, que siguen a lo suyo amparados en la impunidad del que sabe que, al final, la gente acaba yendo a votar, por higiene democrática y sana costumbre más que por otra cosa. Pero no porque ellos lo merezcan.

Publicado domingo, 27 de mayo de 2007 13:59 por EGOSUM25

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Comentarios

miércoles, 30 de mayo de 2007 20:35 by Anonymous

# Isthar

Y esa fue mi razón de estrenarme en este acto. Demasiada sangre para conseguir el voto. Más aún para conseguir el voto secreto. Y mucha más para conseguir el voto femenino. Y, curiosamente, mucha más sangre roja de corazones que están a la izquierda que de príncipes con arterias azules.

Una nueva fiel lectora

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