CANTA ESTA NOCHE; PASATE A VERLA...

     Hay una canción del cantautor bilbaino Tontxu que se llama "Margot", y habla de las dificultades del mundo de la música. En ella se narra la historia de una joven artista, tal vez una de tantas, que lucha por que cada noche se llene el local a cuyo escenario se sube para cantar sus canciones; el estribillo dice: "canta esta noche, pásate a verla, y apláudele como si fuera una estrella, que nunca ha salido en la tele, pero es de primera." Sí que está complicado esto de la música, y he llegado a la conclusión de que la culpa de todo la tiene el karaoke. Me explico.

     Este jueves, durante el concierto de uno de mis favoritos, Javier Ruibal, comentaba con mi tía y mi prima el ambiente que se vive en los locales donde se ofrece este servicio, que no tiene ya nada que ver con el espíritu festivo y ocioso que alumbró su nacimiento en Japón (en cuyo idioma, por cierto, significa "orquesta"), y con el que llegó a muestro país a principios de los 90. Actualmente, los bares con karaoke se llenan de gente que acude cada noche con ínfulas de estrella, vestidos con sus mejores galas y dispuestos a demostrar que entonan a la perfección los grandes éxitos de Rocío Jurado o Camilo Sesto. Hay tensión en el ambiente, miradas cargadas de veneno entre los diferentes grupos, comentarios por lo bajini y risas mal disimuladas cuando alguien desafina; no se trata de ir a pasar un rato divertido con los amigos, sino de competir en el dudable arte de la imitación.

     Y al final acabó apareciendo "Operación Triunfo", como consecuencia de esta democratización del arte musical, que acabó convenciendo a todo el mundo de que tener una buena voz era pasaporte suficiente para merecer una carrera en este mundillo. No era más que un "macrokaraoke" con el componente añadido del "reality show" y amplificado todo ello por la repercusión de la maldita tele. Durante la primera temporada de dicho concurso, servidor observaba atónito cómo cientos de miles de personas se hacían con los discos de las galas semanales, para escuchar a aquellos chavalines imitar a los intérpretes originales de esas canciones. Y recién destetados de los pechos de Nina, se metían a toda prisa en un estudio de grabación para ponerle la voz (y la cara) a un disco que ya estaba prefabricado de antemano, sin que ellos tuvieran la más mínima influencia en el proceso de creación del mismo.

     ¿A dónde quiero llegar con todo esto? Pues a que, en mi opinión, la música necesita algo más que gargantas más o menos privilegiadas. Se trata de aportar nuevas ideas, de crear, de imaginar... y no de copiar algo que ya existe. Clavar una canción de Luis Miguel no debería ser bula papal para que todo hijo de vecino presuma de ser un artista en potencia; porque encima había que ver en los castings los humos que se gastaban algunos divos prematuros... Y menos mal que esto pasa sólo en la música (o al menos de forma más evidente), porque si no, menudo coñazo de arte y de cultura. ¿Se imaginan que nuestros amigos de "Tres son multitud", en vez de inventarse una serie nueva, hubieran decidido grabar un plagio de, por ejemplo, "Al salir de clase", con los mismos personajes y diálogos? Pues es lo mismo. Los profesionales del karaoke que pretenden hacer de ello una forma de vida aportan a la música lo mismo que el Big Mac a la gastronomía. Y mientras, Margot y tantos otros se dejan los cuernos en la libreta y las manos en la guitarra para intentar contar el mundo desde sus ojos, desde su perspectiva, desde su imaginación. Desde SUS canciones.

Publicado sábado, 17 de marzo de 2007 12:56 por EGOSUM25

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Comentarios

martes, 20 de marzo de 2007 22:43 by Anonymous

# Alma

No puedo estar más de acuerdo contigo. Haces unos símiles buenísimos, lo del Big Mac me ha llegado al alma de verdad...
Por ese espíritu creativo, brindemos. Sácalo sin miedo.
viernes, 23 de marzo de 2007 23:45 by Anonymous

# Alba

Que ilusión ser, en parte, el germen, el origen de tus versos robados en esta ocasión...
Mueran los karaokes. Viva el temblor de las gargantas creativas aunque desafinen. Si lo hacen es porque la música se agita en sus gargantas. Porque está viva.

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