LAS FRIAS MAÑANAS EN LA FACULTAD...
Si tuviera que ponerle banda sonora a mis años de estudiante en la Facultad de Educación, aparte del insufrible pitido de las flautas dulces que, con más o menos éxito, intentábamos aprender a tocar los alumnos de Musical, sería sin duda una canción de Ismael Serrano. Aunque a comienzos de mi carrera el cantautor madrileño lanzaba su segundo disco, es una canción de su trabajo de debut la que me inspira para escribir hoy; "Vértigo", una obra maestra acerca de las sensaciones que provoca el inevitable paso del tiempo, tenía una estrofa que comenzaba diciendo: "Las frías mañanas en la Facultad...; tú casi siempre huías conmigo al bar:"
Reconozco que no fui mucho de cafetería en mi época universitaria, que ni siquiera aprendí a jugar al mus (aunque gané memorables partidas de parchís), pero aún así esta canción consigue siempre retrotraerme a aquellos maravillosos años. Aunque el destino quiso que finalmente me dedicara a presentar discos en la radio y no al noble y denostado oficio de la educación, jamás he renegado de mi carrera ni me he arrepentido de pasar aquellos años en la vieja Facultad de Educación, situada en Huerta del Rey. Ambos, la Facultad y yo, terminamos juntos nuestra aventura universitaria, puesto que aquel feo pero entrañable edificio se jubiló con la ceremonia de diplomatura de mi promoción. Y hace unas semanas, por fin, han comenzado las obras que van a reconvertir ese espacio en una especie de centro cívico y que harán que la vida vuelva a sus pasillos, cuando han pasado ya 6 años desde que sus puertas se cerraran.
Y para sorpresa mía, me cuentan que, en medio de los escombros, van apareciendo historias, y que en alguna de ellas aparezco yo como protagonista. Parece ser que bajo cascotes y polvo, en la zona cero de lo que un día fue la sala de audiovisuales (en la que yo pasaba más tiempo que en clase), apareció una cinta de VHS con un concierto grabado durante la Semana Viva del año 2000, en la que tres jóvenes cantautores reunieron a un montón de gente en el pasillo central de la Facultad. El jefe de obra encontró la cinta, se la llevó a casa y la vio, disfrutando de aquella música y metiéndose en una especie de máquina del tiempo a través de la cual pudo revivir días gloriosos en ese edificio al que ahora están haciendo una cirugía estética.
Y como habrán imaginado a estas alturas, uno de los músicos del evento era un servidor, que precisamente desde hace una temporada ha decidido hacer un alto en esa afición musical que llevaba cultivando unos cuantos años. Mi amigo Gus, responsable de audiovisuales en la Facultad, apoyo indispensable durante los años de carrera y posteriores, es quien me ha contado la historia, y ya anda emocionado proyectando el retorno de "los tres cantautores de Magisterio", en el salón de actos del nuevo recinto, por aquello del componente sentimental de toda esta película. Yo me hago el remolón, pero no les niego que sería bonito volver al viejo edificio con los amigos de entonces, y hacer que entre sus muros vuelvan a resonar "viejas canciones, antiguos ecos", como decía esa canción de Ismael Serrano. Y es que, a fin de cuentas, el tiempo ha seguido pasando, y cuando se mira hacia atrás, es inevitable sentir en el alma el pellizco del vértigo.