NO ES UN MOMENTO TRISTE YA QUE BRINDO CON AMIGOS
Son días de celebración, de buenos deseos y un buen rollo que nos rebosa por las orejas, días en los que champán (o el cava) van a aproximar sus cuotas de consumo a la del agua del grifo, y en los que todo el mundo va a alzar su copa para entrechocarla con la de sus seres más o menos queridos. Para hablar de brindis, reconozco que la primera canción que me vino a la cabeza fue aquella de José Vélez que hablaba de brindar con vino griego; pero cuando comencé esta sección, hace ya medio año, lo hice con el propósito de que los versos robados no tuvieran demasiada caspa en las hombreras. Así que me lo he currado un poco más y mi brindis lleva el sello de Los Rodríguez, con esa canción que tiene por título "Salud (dinero y amor)" y ese verso que reza: "No es un momento triste, ya que brindo con amigos."
Hace algunos años me consideraba un poco bicho raro por no sentir un especial cariño, sino más bien todo lo contrario, ante la Navidad y sus aledaños, aunque más tarde fui descubriendo que éramos más de los que parecíamos. Para empezar, y como ateo practicante, no me acaba de poner una fiesta de origen religioso, qué le vamos a hacer. Además, cuando sólo tenía cinco años, los Reyes Magos se olvidaron de esconder bien alguno de sus regalos, y el pequeño Nachete tuvo dudas demasiado pronto acerca de la verdadera identidad de sus majestades (quizá mi republicanismo incorregible viene también de ahí, de algún trauma infantil que haría las delicias de cualquier discípulo de Freud). Pues eso, otro pinchazo en el balón de mi ilusión navideña. Al cóctel añádanle unas gotitas del desapego familiar que me caracteriza, para disgusto de mis progenitores, y tendrán bastantes de las claves que hicieron de mí un detractor de la navidad.
Sin embargo, los años han ido pasando para enseñarme lecciones importantes y hacerme cambiar de opinión en algunos aspectos, como por ejemplo la valoración de la navidad. Porque el paso del tiempo ha acabado por separarme (físicamente, que no sentimentalmente) de algunos de mis mejores amigos, aquellos con los que compartí granos de adolescencia, primeros escarceos amorosos, dudas existenciales sobre la vida y la muerte, y vértigo antes las primeras encrucijadas importantes que el futuro colocaba ante nosotros. Juntos hemos descubierto, no el significado de la palabra amistad a los catorce años, sino su evolución a lo largo del tiempo, que es lo que nos ha permitido seguir manteniendo contacto y confianzas desde hace ya más de una década.
Y como uno echa de menos a la gente que quiere, no puede por menos que alegrarse cuando los que se fueron vuelven, aunque sea sólo por unos días. Y si es con motivo de la navidad, pues adelante: que viva la navidad. Y que sigamos celebrándola juntos por muchos años; que cada 31 de diciembre, antes de irnos a cenar con nuestras respectivas familias, volvamos a encontrarnos brindando por el año que llega en los bares de la calle Paraíso, como llevamos haciendo desde hace tiempo. Y que mis amigos no olviden nunca el camino de regreso a la ciudad que les unió con un servidor, para seguir descubriendo juntos las sorpresas que aún nos tiene preparadas la vida.