...SI GANARÁ EL MADRID CONTRA EL BARÇA EL DOMINGO
En estos meses aún no había tenido oportunidad de acercarles a uno de mis compositores favoritos, el madrileño Quique González. Lo mejor que pueden hacer es escuchar su música, claro, pero si necesitan referencias, mezclen en una coctelera influencias de su mentor y maestro Enrique Urquijo, de Antonio Vega, de Joaquín Sabina y también de clásicos americanos como Dylan o Tom Petty. A esto añádanle cierta rebeldía e inconformismo que le llevó hace años a renegar de la industria musical y a montarse su propia discográfica; y aunque ahora haya vuelto al redil, este gesto le sirvió para granjearse la admiración y simpatía de un buen puñado de seguidores que van creciendo poco a poco.
Quique es de Madrid, e inspirado en el ambiente popular de las fiestas de su barrio escribió un bonito tema llamado “Día de feria”, uno de mis preferidos, en una de cuyas estrofas cuenta: “La gente en la cola sólo se pregunta si ganará el Madrid contra el Barça el domingo”. Así que no podía por menos que hacerle mi pequeño homenaje en vísperas de la disputa del clásico del fútbol español.
Vaya por delante una declaración que me costará automáticamente más de una antipatía entre ustedes, y es que me declaro seguidor del equipo culé. Eso sí, con matices: ni me considero para nada un forofo, ni mi barcelonismo ha estado ni estará por delante de los colores blanquivioletas del Real Valladolid; y esta filosofía la aplico también al resto de disciplinas deportivas. Les hago esta apreciación porque no creo que todo el mundo pueda presumir de lo mismo; y es que uno está harto, o al menos lo estaba en la época en la que el Real Valladolid militaba en la Primera División, de ver cómo el estadio se llenaba en aquellas ocasiones con gente nacida y residente en Valladolid, y que sin embargo subía a Zorrilla a animar al equipo visitante.
Ocurre que todos tenemos ciertas aspiraciones de triunfo con nuestros equipos deportivos, y cuando no tenemos la suerte de contar con un club ganador en nuestra ciudad natal, buscamos fuera lo que no encontramos en casa. La generación de mis padres salió mayoritariamente madridista, consecuencia lógica del insultante dominio de los merengues en aquellos años 60; era por tanto previsible que la gente de mi hornada tuviera cierta preferencia mayoritaria por el Fútbol Club Barcelona, nacida de la época en la que el Dream Team de Johann Cruyff enamoraba a toda Europa. Creo que es comprensible que cuando uno es chaval y se está aficionando a un deporte, se afilie sentimentalmente al equipo que mejor lo practica, al club de moda en cada momento.
Pero insisto en que eso no justifica el espectáculo, para mí tristísimo, de ver cómo tanto vallisoletano se dejaba la garganta cantando los goles del Madrid o el Barça frente al Pucela. Gente que, de hecho, era la única vez en todo el año que se acercaba al estadio. Y ojo, ya sé que la visita de estos equipos siempre atraía la presencia de seguidores de las provincias limítrofes, pero no es de ellos de los que les estoy hablando. Uno no lo acaba de entender, y se pregunta confundido si será otra manifestación de ese carácter tan peculiar que nos distingue a los castellanos, otra espina más en esa corona que parece que insistimos en ceñirnos con cristiana resignación. Aunque la verdad es que, tal y como está el patio, no me importaría volver a vivir aquellos partidos entre el Valladolid y los grandes, porque al menos significaría que los nuestros han vuelto a Primera. Pero mientras tanto, en la cola de la canción de Quique González yo apuesto por el Barça.