UNA CANCION ME TRAJO AQUI
Dice Jorge Drexler “Una canción me trajo aquí”, en un tema compuesto para los incombustibles Ana Belén y Víctor Manuel. Y no se me ocurría mejor forma de debutar con esta sección. Porque de eso se trata: de canciones, o mejor dicho, de palabras y frases que forman parte del cuerpo de las canciones, que me traerán cada semana hasta esta sintonía. Versos que me permitiré robar cada fin de semana, y que servirán como punto de partida para contarles a ustedes ciertas inquietudes, nostalgias, certezas o incertidumbres, de esas que cada día pueden asaltarle a uno a la vuelta de una esquina.
Ante todo, me gustaría saber transmitirles la enorme ilusión con la que afronto esta cita semanal con ustedes, desde ahora mismo y mientras el cuerpo aguante, como decía ese otro incombustible que es Miguel Ríos. Una cita que me hace doblemente feliz, primero por el sincero placer de formar parte del equipo de este programa, y segundo por la enorme suerte de poder contar con una ventana abierta a sus oídos donde explicarles mi manera de ver la vida. Aunque las cosas han cambiado, y el futuro es ayer, y las nuevas tecnologías, especialmente Internet, han facilitado el hecho de que cualquier persona pueda expresarse libremente, creo que unos minutos semanales en una emisora de radio como la Cadena Ser, a lo largo de los cuales tengo carta blanca para contarles mis neuras personales, es un privilegio que no está al alcance de todo el mundo. Por lo tanto, intentaré aprovechar bien la oportunidad y hacer que ustedes me hagan un pequeño hueco en sus mañanas de sábado.
Cuando uno lee las columnas de opinión en los periódicos o escucha a ciertos tertulianos en programas radiofónicos, se acentúa cierta sensación de que cada vez somos más individualistas, pero que a la vez pretendemos que el resto del mundo piense igual que nosotros. En mi caso, les puedo garantizar que no hay ninguna intención de adoctrinamiento o proselitismo, no quiero convencer a nadie de que el cristal a través del que miro sea infalible o el más limpio. Simplemente, les cuento lo que pasa por mi mente, las sensaciones o pensamientos que provocan esos versos de las canciones al extrapolarlas a una referencia más o menos reciente; y, eso sí, si alguien coincide conmigo en esa especie de análisis de la realidad, sentiré el agradable cosquilleo del placer de coincidir del que hablaba el maestro Joan Manuel Serrat. Mayor aún será la alegría si con mi reflexión provoco en el oyente alguna mínima curiosidad que le lleve a interesarse por el artista o la canción que cada semana me traiga aquí.
La música está ahí, lleva a nuestro lado desde que nacimos, poniéndole banda sonora a todos y cada uno de los capítulos de nuestra vida. Y en algunas personas, entre las que tengo la suerte de contarme, provoca sensaciones aún más especiales; ignoro si porque estemos dotados de una sensibilidad especial para este arte, en cuyo caso tampoco tiene el menor mérito, puesto que fuimos creados así; a otros se les dan bien los deportes y otros son diestros con el encaje de bolillos, no hay que darle muchas más vueltas. Pero como yo aprendí a cantar antes que a hablar, llevo años colgado de mi guitarra (que no al revés) y desde niño he ido coleccionando canciones de los estilos más diversos, he tenido el atrevimiento de considerarme poseedor de cierto bagaje musical que me permita asumir la responsabilidad de ser capaz cada semana de contarles que hay cosas que pasan que ya estaban escritas en la música.
Por cierto, a pesar de que los versos sean robados, no tengan cuidado: conozco a algunos músicos, sé que en el fondo les encanta que les desvalijen. Así pues, sean mis cómplices en este delito musical. Comienza el viaje.