LOS HOMBRES "ANUNCIO"

Esta crisis en la que estamos es diferente a las demás. Digo que estamos todos pero me asalta la excepción: la del alcalde de Leganés, que se ha gastado 81 millones de las antiguas pesetas en un coche oficial como el del presidente de la República francesa. En esta crisis no se grita: "los niños y las mujeres primero". Ahora se trata de los banqueros. El banquero baja del barco en primer lugar, se le coloca el anillo salvador, se le inyecta liquidez, y cuando funciona, ya podemos pasar los demás. En la vida es importante tener una posición en la que seas imprescindible. Así si estafas, si robas, y te arruinas, vendrá el estado con el dinero de todos para llevarte a la UVI, pasarte por Incosol, y una vez que estés en forma, a funcionar.
Así las cosas no me sorprende la subversión del concepto de "dignidad". El alcalde de Madrid decreta el final de los hombres anuncio. Lo hace por "dignidad", se entiende por la dignidad de los que son hombres anuncio, de la misma forma que se prohibió el trabajo de los enanos en las televisiones por su propia dignidad. Los enanos se han quedado sin ingresos por un sentimiento ajeno. Y ahora los hombres anuncio se van a quedar no en la calle, sino en casa, por un tic repulsivo del alcalde o de algún asesor, que será hombre digno porque no anuncia nada.
Lo siento porque este era uno de los pocos trabajos que se pueden hacer sin tener titulación ni estudios, y con tan solo dos cartones, uno delante y otro detrás. El hombre anuncio se ha desarrollado en esta época, y a veces uno ve muñecos que publicitan móviles, o payasos que promocionan caramelos. Lo digno debe de ser anunciar grandes marcas, como hace Fernando Alonso, o siglas políticas. Rajoy es un hombre anuncio, y lo es también Zapatero, y Gaspar LLamazares, aunque menos.
Quedan pocas cosas indignas a la vista. Nos hemos dedicado durante mucho tiempo a ocultarlas. Hoy la Comunidad de Madrid vuelve a abrir el registro de adopciones. En Madrid se produce un aborto cada 24 minutos. Eso es indigno. Lo de los hombres anuncio es simplemente necesidad de trabajo, alcalde. En este tiempo en el que todos pagan por llevar marcas, en el que casi todos somos hombres anuncio, a Gallardón le molesta el de los cartones.