REGALOS A LA BANDA
Sostiene Balza que criticar la ambiguedad del PNV es hacerle un regalo a ETA. Es posible. Es cierto que para los pistoleros, los nacionalistas del partido de Arzallus e Ibarreche son tibios, burgueses timoratos que no se atreven a "hacer lo que hay que hacer" y "no tienen lo que hay que tener". ETA reduce la política a una cuestión genital y criminal. Pienso, sin embargo que el PNV no tiene mantiene ninguna ambiguedad. Sus objetivos son los mismos que los de la banda; sus métodos difieren. Hasta ahí la diferencia. Abundar en la ambiguedad de Sabin Etxea es reforzar el argumento de la banda. Por tanto, llamemos a las cosas por su nombre, y digamos sin temor que no hay medias titnas en el discurso de Ibarreche, por poner un ejemplo.
El lehendakari debe saber que la independencia, la construcción de la nación sobre el criterio de la sangre, de la raza, de la "nación euskalduna" ha perdido toda legitimidad. La ha perdido por la via del terror y de la sangre. De la misma forma que carece de legitimidad el nazismo, o el franquismo en España, o el comunismo en la Rusia contemporánea, la nación vasca que pretende el nacionalismo ha asentado sus pies sobre el terreno encharcado con la sangre de cientos de víctimas, la última Luis Conde.
El lehendakari no puede suspender sus planes un día para que Balza vaya al funeral del Conde y no le corran a gorrazos. Si tiene un gramo de vergüenza debe tirar su plan a la basura. No puede decir que ETA no va a condicionar la agenda política del nacionalismo. Pretender mantener los mismos planes que la banda como si las cosas ocurrieran en dos países distintos, es querer establecer una distancia moral inaceptable. Los muertos le obligan a enterrar el sueño de la nación excluyente o a formar parte de ese delirio criminal que nos ha llevado hasta esta nueva tragedia.
Y QUE NO NOS HABLEN DE REGALOS A LA BANDA. USTEDES NO.