ZAPATERO, EL QUE DA LA CARA
Concluido el discurso de Zapatero, la bancada socialista aplaudió, pero ninguno se movió de su sitio. En las grandes ocasiones, cuando el líder se viene arriba, cuando los escaños arden de optimismo, los más lenguaraces corren al pasillo para transmitir entusiasmo a los periodistas, especie profesional atenta siempre al clima moral de los grupos parlamentarios. Ayer los pasillos estaban vacíos. Zapatero hacía aspavientos ante el tsunami: "No esperen nuevas medidas" Y Rajoy lo remató con su "¿A qué ha venido hoy usted aquí?" La pregunta fue letal. Tanto que el presidente, picado por el tábano, respondió con chulería: "A dar la cara". Hombre, esperábamos que además de dar la cara hubiera ofrecido algo más, no sé, algún remedio. NO los hubo.

Con Zapatero se tiene la sensación de que llega siempre tarde. El discurso de ayer, el más realista de cuantos ha pronunciado sobre la crisis económica, fue superado de forma inmediata por la realidad. Desde Bruselas llegaba el aviso de que nuestra economía entrará en recesión. Lo anunciaba Joaquín Almunia. El comisario no pudo ahorrarle el disgusto a su compañero de partido. En las palabras de Zapatero no había nada nuevo. Todas las medidas enumeradas ya se conocían. Todos los parches estaban agotados. El hemiciclo esperaba conejos sacados de la chistera, pero no había ni lagomorfos que roen ni sombreros. Así las cosas, la sensación de que el gobierno está agotado, de que ha dado de sí todo lo que podía ante esta crisis, crece de forma galopante.
Horas después de la comparecencia de Zapatero, las Cajas de Ahorro presentaban un informe alarmante. Crece la morosidad, caen los beneficios, se recortan las inversiones en "obra social". "Estamos ante la peor crisis en los últimos setenta años". Pero el gobierno no cree en previsiones, ni siquiera en las que se refieren al pasado.