EL CÉSAR, DIOS Y EL ABORTO
Perdido el sentido de la moderación y la mesura, el gobierno ha decidido meterle los hurones en la cueva a la Iglesia para ver si así consigue que se echen a la calle. Hora es de recordarle al poder político, sea quien sea quien gobierne, que la defensa de la vida está más alla de religiones y sotanas. Se debe defender la vida, y nuestras leyes lo hacen, al margen de cualquier creencia o ideología.
Para apuntalar su oferta de abortos con plazos y suicidios asistidos, esa pulsión de muerte tan inquietante, Zapatero ha llamado a los que defienden la vida "hipócritas". Es su forma de razonar. No en vano dijo en ese mítin de Rodiezmo (perfume antiguo de óxido y carbón adobado con La Internacional) que sus ideas salen del corazón. Luego el cardenal Cañizares le contestó eso de "hipóctrita será usted".
Nuestras leyes contemplan el aborto NO COMO UN DERECHO, sino como una EXCEPCIÓN AL BIEN SUPREMO Y ABSOLUTO QUE ES LA VIDA. El "nasciturus" tiene derechos, reconocidos por la ley, y que los poderes deben tutelar y proteger. Ya ha advertido el vocal del Consejo General del Poder Judicial, Enrique López, que nuestras leyes (Constitución) no admiten una ley de plazos. Una ley tal equivale a despenalizar el aborto y permitirlo de una forma indiscriminada. Llamar a eso "EXTENSIÓN DE LA DEMOCRACIA" es como denominar al genocidio de los judíos "NORMALIZACIÓN".
Para avanzar en esos planes se ha creado una comisión. Está formada por firmes partidarios del aborto libre e indiscriminado. Ni rastro entre ellos de quienes se oponen. Leo con inquietud a algunos comentaristas, colegas de la prensa, que se trata de evitar que las mujeres vayan a la cárcel por abortar. Esto lo escribe mi colega Antonio Casado, por ejemplo. Me llena de estupor. Ninguna mujer en este país va a la cárcel por ese motivo. Han ido a prisión médicos que se han forrado saltándose la ley como les ha dado la gana, y dejando en el contenedor de la basura fetos de siete y ocho meses de vida.
La pulsión de muerte que muestra este gobierno va a ser la medida no de la tensión con la que es capaz de presionar a la Iglesia, sino del grado de indiferencia con que la sociedad civil encaja estos desmanes. Más preocupados por la inflación y la crisis financiera, corremos el riesgo de respirar un clima de adormecimiento moral por el que nos cuelen flagrantes atentados contra la vida.
Que la izquierda haya abandonado la defensa de la vida, es uno de los grandes dramas para Occidente, y para la izquierda, sin duda.
CODA PARA EXALTADOS. Hay algunos lectores que reclaman argumentos y razones en los comentarios. De insultos estamos sobrados. Él último en sumarse a la moda ha sido Bardem, miembro de una saga que cultiva el despropósito. No lo hagan por mi, sino por esa parte de la audiencia a la que le gusta razonar, discutir, con pasión, pero sin exabruptos.