LAS TRAMPAS DE ZETAPÉ
Como los malos cazadores, Zapatero corre el riesgo de caer en alguna de sus propias trampas. Pone tantas en su demarcación territorial, que es posible que no recuerde donde dejó las minas, y las granadas. Las dos últimas son la nueva ley del aborto y la del "suicidio asistido". Las dos prometen ser muy útiles para aliviar situaciones económicas. Ya que no puede resolver lo de las hipotecas, lo de los salarios y el trabajo, nos aligera la muerte, que es asunto que inquieta y preocupa a todos, a unos más que otros, como es lógico. Esta pulsión de muerte en un gobierno joven es inquietante.
Quizá para contrarestar los efectos depresivos en parte de la población (tanto hablar de aborto y de inyecciones letales acaba con el ánimo de cualquiera) han sacado a la tribuna a la ministra Chacón, con niño. Lo hacía este fin de semana El Pais Semanal. Parecía la portada del HOLA. Una cosa es la contaminación rosa de la política y otra bien distinta un publireportaje sobre cómo se pasea al niño por la terraza del ministerio de Defensa, como si aquello fuera un parque infantil al que llevan a los hijos de los oficiales y de las sargentos (¿o habría que decir sargentas y hacer caso omiso de toda su connotacióin peyorativa?)
Después de arreglar lo de los uniformes de las militares, la ministra Chacón posa con el niño sin vestir más que con un pañal. Así se le ven las carnes al sol de septiembre. La señora ha cumplido en buena parte su función. Fue designada para una operación cosmética. Si además ahora fuera una buena ministra, ya sería la bomba.
Zetapé ha distribuido sus trampas. Han sido colocadas para cazar obispos y dirigentes de la oposición. Los dos asuntos que apuntan polémica, más la actuación vidriosa de Garzón, no estaban en el programa electoral. Son por tanto recursos de última hora, señuelos para incautos. Pero son dos asuntos gravísimos, asuntos de de vida o muerte, temas en los que nos jugamos mucho como para que se manejen con la irresponsabilidad del payaso que hace cabriolas para que los vecinos de la plaza no vean el incendio.