EL DIVINO GARZÓN

Decía Bashevis Singer, el Premio Nobel de Literatura, que Dios era capaz de organizar una guerra, de tamaño mundial, para que a un hombre, habitante de un remoto lugar, se le rompiera un brazo. Así Garzón, émulo de Dios, quiere poner a toda la justicia del país para buscar nombres de muertos y desaparecidos por todas las parroquias, por todas las oficinas, para elaborar la segunda "Causa general". El listado no es un objetivo en sí mismo, sino un paso previo para ver si el magistrado es COMPETENTE en estos asuntos. El fiscal lo niega, pero Garzón no repara en medios para conseguirlo.
Garzón, metido a historiador, salta por encima de la ley de Amnistía del 77 para enredar entre los huesos de los muertos. Su pirueta es contradictoria. En su auto le interesan sólo los muertos de un bando. Nada dice de los crímenes previos al 18 de julio del 36, ni sobre los cometidos en las zonas donde gobernaban los republicanos, o dominadas por el poder anarquista. Su nuevo salto a la fama es sorprendente porque mientras activa asuntos de hace setenta años, olvida otros que duermen en el cajón de su mesa, algunos que tienen que ver por ejemplo con la banda terrorista Eta.
Le propongo a Garzón una lista mucho más actual y necesaria: la de todos aquellos que han sufrido la presión terrorista y nacionalista en el País Vasco, todos aquellos que tuvieron que dejar su casa y su hacienda para marchar a un exilio en otras provincias españolas, para evitar la muerte por tiro en la nuca, la extorsión, o el desprecio cotidiano. Cuando la tenga hecha, se la puede enviar a Ibarreche, para que tenga motivos para fundamentar una denuncia ante el tribunal de Estrasburgo.