EL BECERRO DE HOJALATA

Me cruzo en Tele 5 con Zapatero. Saludos cordiales. "Te veo bien", me dice. Está claro que la montaña ha dulficicado su vista. Las cosas, desde arriba, siempre de otra forma. Es curioso: yo he estado también en los Picos de Europa, pero al otro lado. No tengo claro si esto de subir a la MOntaña será un rito, no como el de MOisés, porque aquí abajo el becerro no se hace de oro sino de hojalata, sino al modo de Pujol, que cada temporada se hacía el Montseny por encontrar la inspiración en las cumbres del macizo sagrado de ese nacionalismo pintoresquista. La política en general ha tirado mucho de montaña. Franco era de Gredos como los nacionalistas vascos lo son del Gorbea, y la izquierda de las campas mineras de Rodiezmo, donde se solía abrir el curso político con presencia de Guerra, intelectual de la minería.
Volviendo a nuestro becerro, ese que perocupa tanto al personal en esta reapertura, he visto a Zapatero un poco más realista que hace unos meses. Es como si las chirucas con que paseó este fin de semana le hubieran dado un baño mental. Pero sigue en sus trece de restar importancia a la crisis. Si antes no tomó medidas porque negaba la realidad, ahora parece evitarlas al advertir que esto será breve, y durará tan solo unos meses. Así que piensa solucionarlo con más gasto social. No tiene un modelo económico, y no nos dice si todo esto se pagará con más impuestos. Si se hace así, la crisis será más larga, mucho más larga.
Y en política exterior, otro asunto del día (hoy tenemos cumbre en Bruselas), la situación es patética. Aquí no hay asomo de realismo por ningún sitio. Habla Zapatero de la fortaleza de la Unión. Esto es algo que no existe. Y de diplomacia. Es justo lo que quiere oir Putin, que sabe que lo suyo en Georgia no tiene vuelta atrás porque en la Unión Europea nadie le va a discutir que ponga sus tanques donde le de la gana. Para eso tiene petróleo y gas.