LA CIUDAD PROHIBIDA Y LA NARIZ DE LETIZIA
Se estrella un avión y el programa más visto es un partido de fútbol. Ya ocurrió en el 11 de septiembre. Aquella noche jugaba el Madrid. Después de pasar la tarde viendo el apocalipsis, la audiencia quería un poco de circo, unos goles, y una dosis de diversión. ¡NO todo van a ser malas noticias!
Lo mismo ayer. Los programas ofrecían coberturas especiales. Lo de especial supone intentar ofrecer verdades en tiempo real, o al menos contenidos que tenga la apariencia de tales. Gusta más aquello que tiene aspecto de verdad e incluye una dosis de sospecha. Por ejemplo un despegue con los pilotos conscientes de que podían morir. ¡Toma ya! Y sin embargo no hay piloto que haga tal cosa, porque sus dientes van por delante.
En los diarios digitales se habla mucho de la investigación, y de las pequeñas historias dentro de la gran historia. Pero hay también mucho espacio para la nariz de Letizia, que como una Cleopatra arrepentida se ha movido el tabique nasal para respirar mejor, para olfatear las amenazas que a su futuro plantea ese republicanismo que en España habita en el subsuelo.
En la prensa leo cartas de indignación por la decisión del COI: no habrá manifestaciones públicas de duelo nacional en las canchas deportivas. Y el COE, el comité español, traga con actitud mansa, para no molestar a lso que tendrán que decidir sobre los Juegos, posibles, en Madrid. Ya aceptaron no decir nada de la situación política en China. Al tragar con aquella condición, acpetaron también este silencio. Recuerdo que fue De La Vega la que dijo que no había lugar a las declaraciones políticas sobre el régimen chino. Ahora tampoco admiten la tragedia española como excepción.
Por cierto, a la Princesa se le notaba algo últimamente, como un rictus inexpresivo en la parte alta de las fosas nasales. ¿Es posible que sufriera una congestión por exceso de botox? Apunto.