APARICIONES
Se ha colado entre las pruebas de halterofilia. Su epifanía en medio del agosto ha sido una de esas noticias que los locutores no saben cómo tratar. Vienen sueltas, como ínsulas extrañas. Dejo su descanso para decir que no pasa nada. ¿Nada? En la siesta, muchos se dieron media vuelta en la cama, y a dormir. Su paseo por los jardines del palacio viene a decir que cuando pase algo allí está él, y que si las cosas se ponen peor está dispuesto incluso a suspender sus vacaciones.
¿Para qué? Se esperaba la reedición de los Pactos de la Moncloa. NO fue. Ha manoseado la palabra diálogo, tanto que ha sido incapaz de alcanzar ningún acuerdo. Fotos muchas. ¿Pactos? Ninguno. Unas medidas por aquí y unas medidas por allá, y el anuncio tantas veces reiterado de que llegará un dia en que se suprima el impuesto del patrimonio. Me deja frío. Tanto es mi patrimonio.
¿De las cosas de fuera? Nada. Lo internacional nunca fue su fuerte. Aplicar el díalogo de civilizaciones al ataque de testosterona y bombas de Putin en Georgia es como predicar la virginidad en un burdel. Tampoco ha lugar. Las palabras se quedan tan viejas que es mejor no pronunciarlas. Europa no mueve un dedo por los estados del Este. Como mucho culparán a USA, la que arregla los problemas, o los desarregla, mientras la Unión Europea critica cuando aciertan y cuando se equivocan.
Hoy en el mundo no somos nada. Hay que felicitarse, porque es lo que hemos querido. En eso Zapatero ha cumplido la tarea pendiente. Lo ha hecho tan bien que nos hemos convertido en un lastre, para la diplomacia y para la economía.