DEL SUDOKU AL GUIRIGAY
No salen los números. El sudoku de Solbes se ha convertido en una sopa de letras y números. Al ministro le han variado las reglas antes de ponerse a rellenar la primera casilla. Son las cosas de Zapatero. Todo comenzó el día aquel en el que, so siendo más que un orador en la campaña de las elecciones catalanas, dijo que aceptaría cualquier estatuto, con tal de que saliera del parlamento catalán. Luego vieno la historia sabida de engaños y requiebros para terminar con Artur Mas y CiU. La cosa le salió bien, pero no se puede engañar a todo el mundo durante todo el tiempo, y ahora vienen las rebajas. Los catalanes reclaman lo suyo, lo que dice la ley es la ley, aunque el Constitucional la tenga crionizada en los sótanos del tribunal, como si fuera el cadáver de Walt Disney.
Los números no encajan. No hay dinero, y cada vez menos. Lo que le den a Cataluña se lo quitarán a Galicia de los dineros del tren de alta velocidad, o a Extremadura, del programa de un ordenador por cada dos niños escolarizados, que cuando se paga con dinero ajeno sabe mejor.
De Zapatero ya nos sorprenden pocas cosas. Como ese acróbata del circo que maneja los palillos y los platos, y en la segunda parte de la función ve caer uno tras otro los discos blancos hasta aabar con toda la vajilla. Causa más sorpresa el PP, el catalán, el de Alicia Sánchez Camacho, que se ha convertido en una mera comparsa de nacionalistas. Hasta el primer mandato popular de Rajoy, el PP era el único partido que asumía la idea de que España es la garantía de que todos los que nazcan y vivan en su seno, sea en el territorio que sea, tendrán igualdad de derechos y de obligaciones. Ahora ya ni eso. EL PP era el único partido realmente progresista de España. Esto me gusta subrayarlo porque excitará algunos comentarios, y porque es verdad. Ahora ya no queda ni eso, y esa es otra de las victorias de Zapatero, probablemente la más mezquina.