CORRUPCIÓN Y CRISIS
Son dos términos que coinciden en el tiempo. Hoy estamos en crisis. Eso no lo niega ya ni el gobierno. Y la percepción general es que estamos en uno de los períodos de nuestra historia con más corrupción. ¿Hay más que antes? Yo lo dudo. Lo que sucede es que cuando las cuentas propias caen en picado la sombra de la sospecha se eleva sobre la administración y lo público. Sabíamos que algunos ayuntamientos comerciaban con las comisiones ilegales de la construcción. Pero ahora que las grandes inmobiliarias cierran o se subastan, lo toleramos menos. En los tiempos de bonanza se hace la vista gorda sobre las cuentas fraudulentas y el dinero negro. Cuando el déficit galopa sobre el erial de las cuentas públicas, la canción es otra, y la música suena diferente.
La crisis es profunda. Cada día descubrimos un pozo nuevo. Ahora es la caída de la producción industrial (decía Corbacho que esta era una desaceleración sólo sectorial, ahí tienes sector). Y también la cruda realidad de unos precios que siguen subiendo a pesar de la caída de la demanda. En su ceremonia de los culpables, en el auto de fe que prepara, el gobierno buscará culpables, chivos expiatorios (ya lo dice el profesor Braun: el chivo, el expiatorio, es el mejor amigo del hombre). Los encontrará con facilidad. Y serán ajusticiados en la plaza pública de los medios para ejemplo general.
La corrupción está siempre ahí. Pero sólo aflora cuando no se soporta, o cuando no se puede pagar. Y ese es el caso, en este momento. Mientras tanto, nos distraeremos con los Juegos de Pekín.