ZAPATERO YA HA HECHO RECORTES

Aunque ahora diga que no. ¿Recuerdan cuando anunció que se congelaba el empleo público, que no habría más puestos de trabajo en la administración? Pues eso es un recorte. Ahora dice que no porque Rajoy le ha pedido que se apriete el cinturón, él y los administradores públicos, es decir que aligeren los ministerios de asesores nombrados a dedo, y que controlen el gasto en publicidad ministerial, que el año pasado creció un treinta por ciento. Eso y mucho más, a lo que Zapatero se niega. Se niega a mucho, pero no dice lo que piensa hacer.
Es posible que cuando Rajoy acuda a la Moncloa llame y no encuentre a nadie en casa. Estará el servicio, los ayudantes, algunos oficinistas, y sobre todo los asesores, si es que tienen obligación de acudir. No imagino la actitud de Mariano, hombre peripatético, dado a las perplejidades y a lo insólito. Colosal, diría él. “Dije asombro donde los demás dijeron costumbre”. La frase es de Borges. Es posible que los funcionarios de Palacio estén acostumbrados a la ausencia de Zapatero, pero las visitas no tienen por qué.
Ayer se le vio en la fiesta-celebración-conmemoración de los cien días de gobierno. Se celebra que se pasa de los cien días, porque Napoleón, en su regreso, no pasó de esa marca. Y allí dijo que no piensa aceptar las ideas de Mariano, que le ofrece consenso, pero siempre con las ideas del presidente. Bien. Aquí llega el problema. ¿Cuáles son las ideas que ofrece Zapatero para facilitar ese consenso? ¿Sabe ya qué remedios va a adoptar, proponer, sugerir, o suplicar, para combatir lo que tenemos? Nada. Nada ha dicho, nada siente, quizá nada piensa. Tan sólo en atrincherarse en el Palacio con el pretexto de ser el garante del gasto público: gastar a pesar de todo.
Los asesores le apoyarán, sin duda. Los nombrados en la empresa pública también. Los funcionarios cercanos quizá. Hasta que descubran que no hay nadie en casa, que el presidente es tan solo un megáfono que repite un discurso grabado antes de salir, hace ya cien días.