ESPAÑA RICA, ESPAÑA POBRE

Ya están aquí las balanzas fiscales. Son tema de conversación hasta en Ceuta y Melilla, donde se hacen cálculos para saber si merece la pena vivir en su territorio o marcharse a Valladolid. Melilla está entre las que más se benefician, Madrid entre las que más pagan.
Hay ricos que pagan y otros que no. El País Vasco y Navarra, son dos territorios donde los impuestos se quedan en casa. Ese ejemplo sirve a los catalanes, sobre todo a los nacionalistas, para reclamar un sistema similar, un "concierto económico catalán".
La publicación de las balanzas va a tener una influencia sustancial en el debate sobre la financiación autonómica. Cataluña ya ha puesto el grito en el cielo. Algunos de sus prebostes ya han dicho que han sufrido "un expolio fiscal". Valencia podría decir lo mismo. También Madrid y Baleares podrían argumentar que son paganos y dan más de lo que reciben.
Al otro lado, Extremadura, que sigue viviendo de la solidaridad y de la subvención estatal. Y en buena parte Andalucía. Es verdad que la solidaridad no se contrapesa, pero también es cierto que en un Estado de las Autonomías la responsabilidad sobre las economías regionales es de los gobiernos autonómicos, y estos no se pueden instalar cómodamente en la economía clientelar, en el pretexto de recibir de forma sistemática por estar en el furgón de cola.