DE JUANA CHAOS Y LA CRISIS ECONÓMICA

Dentro de unos días, a primeros de agosto, De Juana Chaos saldrá a la calle, después de haber cumplido sus condenas, con momentos de vacaciones (recuerden sus prestaciones sexuales en el hospital mientras hacía huelga de morros, que no de hambre). El sistema penal habrá certificado uno de sus fracasos: su función es la de rehabilitar al condenado: "condena el delito, compadece al delincuente". Pero este cínico no sólo no se arrepiente de sus crímenes, ahora va a vivir entre las víctimas de los suyos. Nada menos que cinco de sus vecinos han perdido a un ser querido por las bombas y las pistolas de la banda, por esos crímenes que celebraba con champán.
De Juana saldrá de prisión en plena crisis económica. ¿Por qué lo subrayo? Porque la negociación política con la banda no le costó a Zapatero ni un solo voto, a pesar de que demostró que era incapaz de gestionar aquella situación, y que la lectura que hizo de la realidad era equivocada, iluminada, delirante. Se lo dijeron muchas veces, y no hizo ni caso. Pero ahora sí. El precio de la crisis es la caída del voto y del crédito del presidente y de su gobierno, al que la mayoría de los españoles le consideran incapaz de sacarnos de esta situación. La pasta le puede costar al gobierno el puesto.
Podemos aceptar que un gobierno democrático se siente con los pistoleros; podemos tolerar que un asesino pasee por San Sebastián; podemos aceptar que se intente imponer una religión laica desde el poder. Todo eso no tiene precio electoral, pero si nos tocan la pasta, entonces nuestro voto migra con presteza. De Juana Chaos va a salir en el peor momento, en el instante en el que puede confundirse con la crisis económica. Si en agosto, cuando salga de prisión, fuéramos un poco más ricos, lo celebraríamos con copas de indiferencia.