NEGAR LA REALIDAD DESDE EL PARLAMENTO

Asisto al debate. Más bien, primero, a la comparecencia de Zapatero. Voy descamisado, como Sebastián, que se ha dejado la corbata en casa para paliar el calor provocado por su propia orden de subir la temperatura de los ministerios hasta los 24 grados. La sesión es patética, un insulto a la inteligencia, una continuación de la ciega manía del gobierno de negar la realidad.
Zapatero lee un discurso que le han preparado, con una retahíla de datos que ni comprende ni entiende, datos que no sabe de qué van, agrupados en un texto, amontonados en la tribuna como si fueran medidas tomadas para una crisis que según el gobierno no existe. Lo más surrealista ha sido la promesa de cambiar los semáforos, que deben de gastar demasiado. Es posible que a partir de ahora funcionen con gas, aunque el gas también subirá, según promesa argelina, país, Argelia, con el que nos llevamos de miedo, por aquello de nuestro apoyo actual a Marruecos.
Nunca un presidente había gastado tantas palabras en negar la realidad. Nunca un presidente ha sido capaz de ignorar tanto. Da miedo, literalmente miedo, que en medio de una tormenta sin precedentes, el país esté en manos de un hombre tan confuso, tan indeciso, tan ignorante, tan poco preparado para tomar medidas.