EL RELATIVISMO DE ZETAPÉ

Al menos no ha quedado como un gafe. ¡Hay que ver lo mala que es la gente! Hasta abrieron página en internet para pedirle que no fuera a Viena. ¿No les parece que en este país se sigue creyendo en la brujería? A mi si. ¡Somos tan irracionales! Tenía razón Chesterton. Es que cuando se deja de creer en Dios se acaba creyendo en cualquier cosa, incluso en los gafes. A mi me pareció más grave y mucho más racional, e incluso científico, la arriesgada exhibición de relativismo que hacia nuestro presidente en la portada del diario El País en la mañana de ayer. Antes de ir a Viena nos dejó una perla.
Con una contumacia tozuda y pertinaz, ZP se asomaba a la portada del diario con una actitud sofista. “Es opinable que haya crisis”. ¡Claro! Toda la esencia de una larga entrevista resumida en el relativismo de una frase que nos deja desconcertados. La crisis es una impresión interior de aquellos que están en crisis, o de aquellos que como el PP (lo dirá más adelante), están rezando para que suba el petróleo. ¡Que malos, Zetapé, estos del PP! ¿Qué más necesita para convencerse este presidente?
Es opinable. Hay cosas que en efecto, dependen de la opinión, del reflejo subjetivo en el interior de cada cual. Ya dijo en cierta ocasión que “nación” es concepto discutido y discutible. Quiere decirse que aquello también era opinable. Cuando el objetivo era el acuerdo político con la Eta, la nación era cuestión discutible. Cuando se trata de la crisis, se la pone en el mismo terreno de lo indeterminado, de lo confuso. Existe, pero tiene una existencia opinable. Por tanto, Zapatero se marca la estrategia de reducir las cuestiones más urgentes a una cuestión discutible, sobre la que sería difícil ponernos de acuerdo, porque están en proceso de discusión. No tiene sentido que tomemos medidas contra la crisis si esta está en el dique seco de la observación: la están mirando hasta que deje de ser discutible. O quizá sus asesores, ese Sebastián que le tiene tan fascinado, niegan la realidad, y le inducen a error.
Es cierto que la crisis es opinable. Pero coincide que en privado, los grandes banqueros la reconocen, la saludan, la temen, y les provoca arrugas en la frente. Es opinable pero las economías domésticas no gastan, no se acercan ni siquiera a las rebajas y recortan vacaciones. Es opinable pero nuestro crecimiento mengua mientras la inflación se dispara. Es opinable, pero nuestra productividad está baja, nuestros precios altos, y nuestra capacidad de competir nos deja lejos de la champions. Y si es discutible, dejemos que el gobierno imponga su opinión, al fin y al cabo, él tiene más autoridad que nadie para definir la realidad, e inclinar la opinión del lado de quien tenga más votos en las cámaras.
Nos consolaremos por unos días con la victoria de España en el Europeo. ¡Qué gran noche! ¡Qué grande Torres! ¡Qué grande Aragonés, otro que ha resistido hasta el final ese linchamiento de media España que se lo quería comer! Supo tomar medidas contra la opinión de todos. Y hoy recoge los triunfos. La suya es una lección donde lo opinable se deja para las tertulias del bar. Menos mal que el resultado no depende de la subjetividad de los alemanes, porque en ese caso nos habrían robado la cartera.