EL GOBIERNO REZA A SAN IKER CASILLAS

¿A quién reza Solbes, a qué santo, ángel mediador o exterminador se encomienda? La realidad cambió hace mucho tiempo, pero le lenguaje político ha tardado un año en hacerlo. Durante doce meses han estdo creando un bosque de eufemismos para tapar el escenario. Ahora ese bosque seco arde en la hoguera de los datos de la economia. La crisis es esa percepción subjetiva que el gobierno negará
hasta que pase. Es posible que saltemos desde la desaceleración hacia la recesión, pero nunca estaremos en crisis. ¿Crisis, qué crisis? Cuando hayamos doblado el cabo de Hornos de este descenso a la
pobreza el presidente del gobierno, en caso de que siga siendo el mismo, dirá
la mágica palabra crisis para felicitarse, él el primero, de que gracias a sus
medidas cosméticas, hemos llegado al final.
A trancas y barrancas, la realidad se va ajustando al
discurso de Zapatero. No, no es al revés. Usted lo está viendo mal. La crisis
espera a que el presidente la nombre. Hasta ahora era desaceleración. Hay un
ministerio que trabaja en la clandestinidad, es el de la creación lingüística,
el fabricante de palabras y expresiones. La realidad espera a que salgan las
últimas entregas, y una vez conocidas, se adapta a lo que dice el gobierno. Que
toca desaceleración, pues el mundo intenta ir un poco más despacio. Que se
trata de situación con dificultades, pues disemina por aquí y por allá unos
cuantos problemas para que se perciba como tal.
El último aliado circunstancial del presidente del gobierno ha sido la selección de fútbol. Mientras Corbacho y Solbes reconocen la gravedad de la situación, Zapatero se asoma a Cuatro para entrevistar en directo a Casillas y al seleccionador, ese que no se fue cuando perdió, y que ahora se largará cuando ya ha ganado. Mientras Solbes y Corbacho reconocen que el paro pasará del 11 por ciento y que la inflación no bajará del cuatro, y que mientras los otros países saldrán de esta nosotros seguiremos envueltos en una ruina de ladrillos, Zapatero se queda con el fútbol, es el único terreno en el que le funcionan las previsiones.