EL HOMBRE DEL PURO

Rajoy ha enterrado el aznarismo. El viejo modelo del partido que crearon Aznar y Cascos ha hecho mutis por el foro, con gestos de provocación y mal gusto, en el Congreso de Valencia. Hoy es el primer día de la nueva vida de Rajoy. Este es el lunes en el que se abre paso a una labor de oposición, que bienvenida sea porque nos hace falta como el agua. Mariano se ha sacudido la mano del hombro. Ya nadie podrá decir
que Aznar le tutela. En esta nueva vida, Rajoy ya no tiene el pecado original
que le atribuían los socialistas de ser el elegido por el hombre de las Azores,
que el viernes le regaló el más vulgar de sus desprecios. Ahora le avala un
Congreso que ha ganado de calle, aunque sea por la incomparecencia de sus
adversarios. ¿Cierre en falso? Esperanza Aguirre, desplazada y postergada, está
convencida de que así ha sido. Gallardón no.
Nace la oposición pero el prólogo ha sido más de lo mismo.
El discurso con el que Rajoy cerró el Congreso popular fue plano, anodino, tan
aburrido que los congresistas escaparon del tedio. El PP era más divertido
cuando se disputaban las sillas y su presidente no se movía de la suya para no
perderla. El gallego ha tenido el mérito de resistir, en una estructura
burocrática que premia no la iniciativa, no el riesgo, no la capacidad de
emerger desde abajo, sino la habilidad para controlar los despachos, los
nombramientos, y el aparato.
Hoy comienza la nueva vida de Rajoy, y como el diría, se fuma un puro. Ya tiene pretexto
para no ser él mismo. Y eso quiere decir que tendrá que buscar en su interior los motivos y razones para un discurso que haga crecer una ilusión que hoy por hoy, sólo está entre sus partidarios, entre la bella Cospedal o la eficiente Ana Mato, entre la hábil dialéctica Soraya y el viejo zorro Arenas. Y no lo tiene fácil, porque en su primer discurso no terminó de arrancar, como siempre, no terminó de rematar, como de costumbre, como si el puro de Rajoy no tirara, y tuviera obstruida la boca por alguna estaca.