SEBASTIÁN: CUANTO PEOR, MEJOR

¡Atentos! Sebstián lo ve así: cuanto más caigamos, más subiremos. Es decir, que el ministro lo ve bien, y confía en la física del rebote: cuanto más fuerte caigas, más va a durar la remontada. Pero, ¿cabe aplicar esta física a la economía? ¿es posible que la opinión pública comparta la idea de que las crisis sirven para eliminar la grasa del cuerpo?
Sebastián no sabe todavía que su papel como ministro no puede ser el mismo que el del profesor de Universidad. La opinión pública no está compuesta por aspirantes a economistas, ni siquiera por aficionados a la teoría del juego aplicada al beneficio. Más bien está compuesta por gentes que aspiran como mucho a entender su vida cotidiana y anticipar los golpes, y a traducir los eufemismos con los que el gobierno se refiere a la realidad.
Y en la opinión pública lo de Sebastián es una frivolidad grave. Pongamos algunas cifras. El año pasado se construyeron 600.000 viviendas nuevas. Este año serán 200.000. La construcción de viviendas da empleo a dos millones y medio de trabajadores. La caída del sector dejará fuera a millón y medio. La construcción no es la grasa de nuestra economía, sino el músculo. Hemos echado agua en el motor de la locomotora económica, y no tenemos otra para que tome el relevo.
El mismo gobierno que dice que en un año y medio creceremos a, 3 por ciento, decía hace meses que los precios caerían en abril. La capacidad de predicción de nuestro ejecutivo es nula. Zapatero se ha unido ahora a Berlín y a París (dos gobiernos conservadores) para buscar soluciones a la crisis. Nos hemos unido a un tandem que tomará medidas adecuadas a su situación, y no a la nuestra. Nuestro peso en la economía europea ha caído. Manda Alemania, y mientras siga así, el Banco Central pensará en políticas que beneficien a Berlin. Ellos saben que lo peor que puede hacer una economía es poner palos en la rueda de la máquina que tira de los vagones, que es lo que hemos hecho en España, con una clarividencia prodigiosa.