CHIQUITO, LA MIFISTRA Y EL REGANTE

Horas antes de inaugurarse la Expo del agua en Zaragoza, el inefable Belloch, el hombre que buscaba a Roldán en la jungla, dice que siempre serán solidarios con la necesidades de agua de Barcelona y Valencia. Tengo que contenerme para no desbordar de estupor. Aragón, que ha blindado el Ebro, dice ahora que serán solidarios. Lo dirá Belloch en nombre de todos ahora que el agua se sobra por los cuatro costados. Prestar un paraguas cuando no llueve es un gesto de generosidad, sin duda, pero lo que tiene mérito es condecerlo cuando caen chuzos de punta. Ahí es un poco más difícil. Aragón, que ha amenazado con recurrir al alto tribunal por la tubería catalana, promete generosidad. Aragón, que negó el agua del hidrológico al Levante, dice ahora que lo que haga falta. No vaya a ser que la Expo les salga chunga. Dijeron que en el Mediterráneo la gastarían para regar campos de golf. Prefieren echarla en los regadíos de maíz, que dan menos empleo, y además nos cuestan dinero a través de las subvenciones de la Unión Europea. Aragón, sumido en sus contradicciones, pide agua para el sur de la provincia de Zaragoza, y se la piden a los navarros.
Lo de Belloch me devuelve a su amiga Bibiana, muestra de esa manía de este gobierno de no llamar a las cosas por sus nombres. El gran ministerio clandestino es el que se encarga de los eufemismos, de la creatividad lingüística, de las palabras que no deben decir lo que nombran, del fileteado de la libertad a través de un lenguaje romo, impreciso, vacío como una armadura de hojalata de las que adornan los restaurantes de medio pelo. Más que ministros son "mifistros", malos imitadores de Chiquito. Bibiana, reina del sostenerla y no enmendarla, quiere arremeter ahora contra la Academia, ese cenáculo de carcamales machistas, donde sólo se sientan tres mujeres, ese palacete arcaico donde se niegan a aplicar la cuota y a dar entrada al nuevo concepto de masculinidad. Esto es el estalinismo por otros medios, la ignorancia elevada a la categoría de desverguenza.
Pero Aído tiene su utilidad. Que no piensen que este es un ministerio inútil. No tiene sede ni funciones, más allá de las inventadas. No tiene ocurrencias más que esas que indignan a las mujeres maltratadas: lo del teléfono, lo del monumento a las víctimas de la violencia machista. Sandeces inútiles cuando lo que se tiene que resolver es la violencia misma. Pero la ministra tiene una utilidad. Con lo que no sabe se puede escribir un diccionario, o una enciclopedia, íntegros. Sólo falta un copista para esta "mifistra".