EL ESTILO DE SORAYA

Atentos a Soraya. Sobre el ruido de fondo de las sordas batallas que se libran, o se libraba en el PP, emerge el estilo, nuevo y fresco, de Soraya Sáenz de Santamaría. En vísperas de las elecciones aceptó una invitación para sentarse en el plató de Onda 6. Vino cuando quiso, o más bien cuando pudo. Se sometió a las preguntas de los espectadores, y a las puyas de una Maria Antonia Iglesias que en nuestra casa, no sé todavía por qué (quizá porque el afecto es el mejor antídoto contra la tensión), se suele mostrar tranquila, sensata y nada arisca. Esa noche Iglesias se quejó de que hubiéramos traído a lo mejor del PP. Reconocía que con Soraya los mordiscos en los tobillos no funcionan.
Desarma al lobo con una sonrisa, y dice lo mismo que dicen otros de su partido, pero suena de otra forma. Ayer tarde tuvimos otro ejemplo. Soraya se arremangó para darle tobas al gobierno/siesta que tenemos, al presidente indolente que padecemos, por el asunto del gasoil. Es más, ayer el PSOE tuvo que admitir una propuesta del PP para no quedarse solo en el Congreso de los diputados, y de las diputadas, que diría Bibiana/Bibiano, esa ministra.
Soraya es mano de hierro en guante de seda. Su comunicación es eficaz, su lenguaje sencillo lo entiende todo el mundo. Se ha dejado las alusiones al pasado en la cuneta de la pasada legislatura. Atentos a Soraya, porque cada día que pasa se consolida más y mejor en esa dura y difícil tarea de ser portavoz en el Congreso. Su tarea es una de las más difíciles por ingrata. Su mérito será que Soraya imponga su nombre a la función, y no al revés. Y en estos primeros lances de una oposición que eleva la voz a duras penas, lo ha conseguido.