AÍDO Y LAS BESTIAS
Bibiana es ministra sin ministerio. Quiero decir que el suyo es virtual. No tiene sede, ni despacho, ni fax. Donde ella está está su ministerio. Donde ella va se hace la igualdad. Así formulado parece una religión, algo parecido a un apostolado, a un compromiso vital, como cuando uno se hace trapense, aunque ahora ya nadie entre en la Trapa.
Bibiana está convencida de que lo de los maltratadores con las mujeres es un problema de válvulas. como no tienen dónde descargar, lo pagan con lo primero que tienen a mano. Es decir que la igualdad es un asunto de hormonas, de un calentón, y por eso les ha puesto una vía para desfogarse, algo así como el teléfono rojo. Aído quiere que los violentos le llamen a ella, y en su cuerpo virtual desgarguen toda la agresividad que llevan dentro. O sea que se ofrece como víctima propiciatoria, como chivo, la cabra emisaria de los franceses.
Esta mujer ha descubierto una nueva forma de ejercer sus deberes. Inventa nuevas palabras (miembra) para exorcizar a la tribu y hacer que obedezcan al chamán, que es ella. Es el ministerio como una nueva forma de magia, lo cual también le acerca a la religión, al menos a las religiones antiguas.
Unos dirán que lo del teléfono es una sandez. A mi me parece algo serio. Verán como a partir de ahora la violencia será otra cosa. Los malos tienen un teléfono donde bramar, llorar, injuriar, y acordarse de la parentela de Bibiana. Antes se buscaban soluciones para los problemas. Como ahora eso es imposible, han puesto un teléfono para cada cuestión. Y el que quiera que llame, a ver qué pasa.