BUSCANDO A OBAMA, DESESPERADAMENTE

La elección de Obama, gran novedad histórica en los Estados Unidos, tendrá un efecto mimético en Occidente, y sobre todo en España. Esto ha ocurrido siempre que en la gran potencia mundial ha habido algún aire de cambio, real, ficticio, existoso, o fracasado. Cuando los Kennedy, se dijo que aquí los que encarnaban ese espíritu eficaz, moderno, mundano, y con un punto de inteligencia frívola, eran los Garrigues. Luego el cáncer se encargó de transmutar el interior de uno de ellos, Joaquín, el más carismático, el que más futuro político presentaba en su frente.
Ahora llega Obama con su promesa de resolver lo de Irak, de abrir la mano a los cubanos del interior, y de no se sabe qué más, porque este hombre es una incógnita que ha despertado un gran entusiasmo, por cansancio de lo viejo, y por una retórica tan brillante como ambigua. La política ahora es márquetin, y la retórica, tan abandonada en España, es una herramienta fundamental para triunfar. Para conocer las posibilidades de triunfo de Obama habrá que ver cómo concreta sus atractivas posturas fotográficas en soluciones para los problemas; cómo resuelve su falta de experiencia en la gestión política.
La gran lección que hoy podemos sacar de la elección de Obama es la fortaleza que imprime a los partidos su capacidad de abrir los debates y lanzarse a la búsqueda de un candidato pase lo que pase. Si algunos consiguieran imitar esos procesos, la elección de Obama contra todo pronóstico, sería también un triunfo en España.