LA PAX MARIANA

Llega la Pax mariana. Es la era del quiero pero no puedo. Más allá de un dirigente, que no líder, que no provoca ilusión (en esto tiene razón Juan Costa), más allá de su persona, digo, no existe nada. Nada que esté organizado. Porque está claro que hay varias voluntades que son incapaces de crear una estructura, una red de alianzas, para aupar a una alternativa que le plante cara a Rajoy en el congreso de Valencia.
Puestas las bases de la cita valenciana, lo más probable en esta fecha es que Mariano salga elegido sin grandes entusiasmos: sí, con el apoyo de la periferia que ve en Rajoy una espita que es capaz de mantener la presión y el aire interno del partido hasta la siguiente glaciación. Pero sin el respaldo de algunos notables que hablan por boca de Aragonés, de Ignacio González, o de Elorriaga.
Un PP adormecido, lobotomizado, desilusionado, será una oficina funcionaral donde se cursarán de oficio las invitaciones de la Moncloa para ir firmando pactos, algunos sin ton ni son, pactos que son el disfraz con el que Zapatero se va a presentar en esta legislatura con un nuevo rostro: el del centrismo moderado. Zapatero en este tiempo es otro, es un travestido de sí mismo que ha cambiado su genotipo. Ahora incluso se va a Roma la víspera para dormir fuera de casa, algo que no hacía desde que iba de excursión al monte con el colegio.