¡DIOS SALVE AL LENDAKARI!

Armado con esa dicción que corta las palabras como si fuera un aizcolari, el lendakari nos ha dicho lo que hay. "Esto es lo que hay", como un trágala, que si no aceptas eres un antidemócrata y uno que niega a los vascos (me niego a utilizar esa sandez de vascos y vascas que se cuela en algunas radios), alguien que les niega, digo, el derecho a decidir.
De la misma forma que en unas elecciones generales se elige a una mayoría que forma un gobierno que es el de todos, el de los que le han votado y el de los que no lo han hecho, el futuro del País Vasco o el de Navarra, o el de Almendralejo, es cosa de todos los españoles, y no sólo de una tribu que quiere echar de su tierra a los que no tienen ocho apellidos, o a los que no comulgan con las ruedas de molino del nacionalismo y de sus pistoleros.
El "lenda" lo sabe, pero se la trae floja. Pasa incluso de su partido. Ya saben que el PNV no es un partido político al uso, sino un movimiento con dos cabezas: la del presidente del gobierno vasco y la del presidente del partido, que por tradición no coincíden. El "lenda" es ahora el Moisés que quiere llevar a la nación a la división, a la ruptura, al desastre.
Dicho lo cual, me parece bien que lo intente, pero el gobierno debe poner todos los servicios del Estado para impedirlo, primero con la pedagogía política, y si fuera necesario con la fuerza. Ahora bien, que no se nos olvide que esto empezó hace ya un tiempo, el día que Zapatero le hizo la misma pregunta al parlamento.