UN MUERTO DE SEGUNDA (mientras no nos demuestren lo contrario)
Escuece. Pero insisto, o por eso insisto. Los guardias son muertos de segunda. Lo han sido casi siempre. Los que están más cerca de la muerte lo son, sobre todo si se hace poco para que estén más lejos. Viven en casas ruinosas. En el País Vasco es la tónica. Tienen una seguridad escasa. A veces entre ellos y los etarras están tan solo los que hacen guardia.
En Pamplona, les he visto, de madrugada, en las esquinas de la plaza vecina a la Comandancia. Hacen guardia en coches, vestidos de paisano, con el arma lista por si hay que salir corriendo de persecución. Los etarras lo tienen fácil. Pueden colocar un coche y salir huyendo por la carretera que lleva a Zaragoza. Así que hacen horas extra de custodia del sueño de los niños y de las mujeres.
Los guardias no se suelen quejar en público. No hacen declaraciones políticas. Van al País Vasco con disciplina, cobran bastante menos que los policías autonómicos, y tienen menos medios. Y las viudas se vuelven al pueblo con una bandera, una medalla y una colección de fotos.
Los guardias sn de segunda cuando el Estado deja que los etarras gobiernen en ayuntamientos, cuando se les defiende desde la fiscalía, o cuando la banda se rearma antes de terminar con una tregua. Y también cuando se utiliza un muerto para echarlo sobre el PP, y decirles a los de Rajoy que ahora, "por fin", han vuelto al consenso, ellos que no han variado, hasta ahora, su actitud frente a Eta. Lo hacen con la seguridad de que la familia del muerto no va a protestar, y que no vamos a tener un López para montarle a Rajoy el numerito.
Son de segunda, porque saben que el Estado, durante mucho tiempo, ha estado en aquella tierra vasca de retirada, sin hacer reformas en las casas, por si llega pronto el día de hacer las maletas y abandonar.