TERESA Y LA LAICIDAD

Dicen que el cumplimiento de la amenaza suele ser más leve y menos temible que la propia amenaza. Es posible que las advertencias del ejecutivo, a través de Zapatero y el inefable Pepiño Blanco, durante la campaña electoral, se queden en nada. Dijeron que a la vuelta del 9 de marzo ajustarían cuentas con los curas. Ahora vienen con lo del "camino a la laicidad", remedo de aquel otro título cinematográfico de "camino a la perdición".
Así que espero que Teresa niegue a Pepiño sus deseos de venganza, su sed de sangre. Y que le quite a Zapatero su intención de "ponerles a los obispos los puntos sobre las íes". La legislatura comenzó realmente ayer, con el anuncio de reformas. Hasta ahora sólo teníamos algún brindis al sol, y algunas medidas económicas que son caricias en la piel del achicharrado.
Que se amplíen el ejercicio de la libertad religiosa es bueno. Pero esa ampliación implica dejar muchas cosas como están. Si el gobierno quiere retocar la enseñanza concertada y hacer del laicismo una militancia pública, entonces estaremos ante el recorte de la libertad religiosa, por mucho que tal camino se nos presente como un avance, y el estado busque aliados en musulmanes o protestantes, minoría ínfima que debe tener iguales derechos que los católicos, pero no servir de ariete del gobierno contra la Iglesia católica. Porque el estado no es laico, o al menos eso es lo que dice la Constitución, que se declara "aconfesional".