HABLEMOS DE IGUALDAD

Ahora que se ha creado un Ministerio de la Igualdad, pienso que
tenemos más razones para una ventanilla ministerial para la desigualdad, ya que
ésta es más natural, y no es justo que nos quieran hacer iguales cuando somos
tan diferentes. Basta con observar a los hijos: ellos son todos diversos,
tienden a demostrar su afectividad de formas distintas, responden a la presión
con comportamientos dispares. Las niñas juegan a ser madres hasta con un
calcetín y los chicos convierten la cabeza de las muñecas en balones de fútbol.
Hombres y mujeres tenemos profundas diferencias innatas. Ojo, esto lo leo en “Between mothers and sons”, escrito por
un grupo de feministas, entre las que está Cristina
Hoff Sommers.
Hoy, los niños y las niñas sufren una
desventaja en el sistema escolar, que al igualarlos y considerarlos idénticos
los perjudica recortando sus verdaderas potencialidades. Obligarles a ser lo
que no son provoca fracaso escolar, frustración o depresión. Las conexiones
cerebrales de las mujeres las capacita para el lenguaje y la comunicación, las
relaciones humanas y las labores de precisión. Por el contrario, los hombres
son mejores en tareas de cálculo matemático y en actividades que requieren
habilidad visual y espacial. La morfología del cerebro masculino condiciona su
agresividad y su interés por competir, mientras que la de las mujeres las hace
más dispuestas a dialogar y cooperar para resolver conflictos. Dicho de otra
forma: no se puede sostener, como hacía el feminismo de los años 60, que las
distintas capacidades de hombres y mujeres son producto de la educación. Un
estudio realizado por la
Universidad de Glasgow concluía que las chicas son mejores en
ocho asignaturas elementales. Tienen más habilidad manual para escribir y para
expresarse. Los chicos gozan de mayor capacidad para el pensamiento lógico
matemático y para la abstracción racional, sobre todo a partir de la
secundaria. Las diferencias naturales deben ser tenidas en cuenta a la hora de
diseñar la estrategia pedagógica. Quizá todo esto esté detrás de del fracaso
escolar, que en España es sobre todo masculino. Los estudios demuestran que la
educación diferenciada mejora los resultado