LOS HOMBRES MENGUANTES DE RAJOY (Y ALGUNA MUJER)

No le den más vueltas. La única razón de la fuga de Zaplana, de su vuelo gallináceo hacia las alturas de Telefónica, es la derrota electoral. Si hubiera habido victoria, esto no habría pasado. No se trata de malas relaciones con Rajoy, a pesar de que fue despedido con frialdad y sin nostalgia, salvo por Aguirre. No es que Zaplana tenga cadáveres en el armario, como algunos paniaguados que cobran del erario público han insistido esta mañana en algunas radios. Zaplana tiene el patrimonio más examinado de España. Y de momento no han encontrado nada. Y esa ausencia no demuestra que haya delitos, que se haya forrado, y que haya pasado por la política como un barrendero de pasta.
La política es un juego ingrato. Pero esto lo debe de saber don Eduardo. Llegó a ser alcalde de Benidorm gracias a la ausencia de una tránsfuga. Esa concejal socialista pasó unos días escondida en el apartamento de un amigo, buen amigo de Zaplana. Consiguió desplazar al socialismo valenciano y hacerse con la presidencia de la Generaltat con mayoría absoluta. Fue un portavoz del gobierno muy discutible, mucho, y ha sido un portavoz parlamentario correoso. Es capaz de hacer juego sucio a los que tiene al lado, pero también de mantener lealtades más allá de las conveniencias.
El que más pierde en esto es Rajoy. Queda demostrada una vez más, no su capacidad acreditada para no hacer equipos, sino la facilidad con la que los deshace. Incapaz de construir, destruye. Deja que las cosas se pudran, sin poner nada nuevo. Llevó a Costa y a Pizarro hasta el partido, pero ahora no sabe qué hacer con ellos. Ha crecido en los despachos este Rajoy, y sólo es capaz de disponer a su alrededor algunos oficinistas. Hasta Soraya, en ese ambiente, parece menos de lo que es, como si hubiera menguado.