EL FETICHISMO DE LAS PREVISIONES

El mundo se equivoca. Todos los expertos en economía son unos pervertidos sexuales. El Presidente tiene razón. ¿A qué hacer caso a tanto enemigo exterior, a tanto antipatriota que nos quiere perjudicar con sus cifras, es obvio que torcidas para perjudicar nuestra producción de ladrillos? Los precios van a empezar a bajar. Y es probable que lo hagan porque ZP habrá tenido información de primera mano de cómo se están comportando los precios en este abril. No hay que ser fetichista. Hemos hecho un presupuesto, que es la única ley importante, y dos días después ya estaba inutilizado por la realidad. Entonces, ¿para qué vamos a hacer previsiones si dos días después no sirven para nada?
Desarbolado por la realidad, el gobierno renuncia a predecir, incluso a prevenir, y se confía en manos de la fe, de la providencia. Este ejecutivo adopta estos días posturas sexuales, perdón, políticas, más propias de tiempos de la dictadura. Zapatero niega los hechos, y culpa al enemigo exterior, y Soria se quiere beber una botella de litro de aceite de girasol, como Fraga en Palomares. Hay que decirle a Soria que no, que no se la tome, protegerle de sí mismo, impedir que cometa ese disparate antes de sacar la lista de las setecientas marcas de aceite. Eso sí que tiene peligro, eso sí que va a provocar dolores de cabeza: buscar nuestra marca de aceite en ese galimatías.
Eso es fetichismo, sí, pero del aceite, lubricante.