PÓKER DE TRILEROS
Aguirre, mal llamada en otro tiempo "la cólera de Dior", viste de Zara. De su muñeca ha desaparecido la pulsera que llevaba en otro tiempo, en campaña electoral, aquella tira de goma en la que se leía "todos con Rajoy". Ahora se adorna con abalorios apolíticos y algún reloj con la bandera de España. Aguirre ha ganado la primera gran batalla: la de la comunicación. Ocupa espacios, y lleva la iniciativa, y concita la atención de los medios. La bola de este juego está entre sus piés.
Su primera gran victoria tiene que ver con los arrestos de Rajoy. El gallego se ha arrugado ante el primer envite. Antes de que se repartan cartas, ya se ha visto que iba de farol. Cuando dijo aquello de que el que no esté comodo que se vaya a otro partido, estaba pensando en Esperanza. Cuarenta y ocho horas después (48), da marcha atrás y dice que jamás imaginó a Espe fuera del PP. En Génova precisan que fue víctima de uno de esos momentos de improvisación, de esos momentos en los que uno dice lo que piensa, sin pensar en lo que dice.
La batalla no se cierra. Otra cosa es que tenga solución en junio. La disputa la ha abierto Esperanza, que pide cartas para echar unas manos de póker. Pero la banca es Rajoy, que insiste en quedarse con el control de las cartas y de las apuestas. Pero esta mano de pokér o de mus no se libra entre dos. Otros toman posiciones con la vista puesta en el más allá, y se sitúan para asistir a un duelo que puede dejar dos muertos (políticos, se entiende), y abrir el terreno de la competición a otros contendientes. NI Gallardón, ni Camps, ni otros muchos han renunciado a sus ambiciones, y las posiciones de hoy son más tácticas que sinceras.
Anoche Aguirre dijo algunas cosas, pero lo más importante es que dejó todas las puertas abiertas para justificar en futuro las contrarias. Ella ha conseguido que el foco esté puesto en su rostro. Rajoy ya es sólo una comparsa, un líder en la sombra que se limita a mover las manos con aspavientos para insistir en que él está ahí porque se lo han pedido.