BIENVENIDA LA CRISIS EN LA ESPAÑA DECENTE

China se erige en la primera prueba para la España "decente" de Zapatero. Crece la protesta en el mundo, y el espectáculo de una llama olímpica debilitada por el viento de las protestas, que crece, en Europa, y ahora en San Francisco. Brown, Gordon, ya ha dicho que no piensa ir a la ceremonia de apertura de los Juegos. Se une así a Merkel, y se pone en línea con Sarkozy. Nuestro Gallardón está en Pekín. Tiene pretexto. Está de viaje para ver cómo se han organizado unas Olimpíadas que pronto tocarán en Madrid.
"¡Don`t go!", dice Desmond Tutu a los líderes internacionales. Espero que Zapatero, en una de sus primeras declaraciones, se sume al bando de los que no claudican ante la represión en el Tibet. O quizá prefiera no ver la realidad, como ha hecho con la crisis inmobiliaria, después con la crisis económica, o con el problema del agua, como antes hizo con la actitud de Eta ante lo que se nos vendió como una tregua.
Esta semana, escuchando su discurso de investidura o las sucesivas intervenciones para responder a los portavoces, parecía que se alegraba de que llegara la crisis. Una crisis que según el FMI va a ser mucho más dura de lo que nos han dicho hasta ahora. Zapatero parecía alegre de ampliar el gasto social, de repartir cheques de cientos de euros, de prometer gastar el superávit. En definitiva, todo será pasajero. Bienvenida la crisis, ¿qué haríamos sin ella? Este país sería un infierno de bienestar y riqueza, un repugnante erial en el que el gobierno no tendría oportunidad de repartir la pasta e imitar a gobiernos socialistas anteriores, que tuvieron el acierto de hipotecar a toda una generación.
Pinchada la burbuja inmobiliaria, ahora la gran tarea es volver a inflarla. Y en eso están