CUCHILLOS POPULARES
El afilador ha comenzado su trabajo. La jugada de Rajoy, su apertura de partida, con Soraya como peón de reina en la casilla cuatro, ha despertado los recelos y la ambición de competencia. No será un Congreso popular tranquilo. No será un paseo militar. El gobierno en la sombra elegido por Rajoy carece de pesos pesados. La experiencia, o su falta, es un defecto mientras haya otro que pueda reclamar para sí un currículum más inflado, o más tuneado, como diría el ministro Soria.
En Madrid se multiplican los contactos, las llamadas, cargadas de una cierta indignación. El más dolido es Pizarro, aparcado, con un simple ¿qué quieres ser de mayor? Y Pizarro contesta que se presentó porque Rajoy le invitó y que ahora tendrá que ser el gallego quien diga dónde le quiere. Pero el gallego lo abandona a la orilla del río. Ojo, porque Pizarro no se rinde, y tiene apoyos en los medios, en los mismos medios que están trabajando duro para desplazar a Rajoy.
Se miden los apoyos para una candidatura alternativa. La habrá. No será un Congreso apacible en el tibio calor de junio.