LOS CABESTROS Y EL JUEGO SUCIO

¡Hagan juego!, que cada vez se pide menos para entrar en la vida política. Como ejemplo basta la declaración de Erkoreka, un destripaterrones del PNV que se ha permitido el chiste de llamar cabestro a José Bono. Cabestrio es el bicho que sueltan en Pamplona en manada para recoger a los astados solitarios del encierro. Son animales pesados, tontunos, más peligrosos por su peso que por su malicia, con apariencia de castrados y gregarios, más gregarios que un nacionalista. Erkoreka tiene buenos ejemplos en su pueblo. Allí a los cabestros y a los astados les ponen plazas. Argala tiene una en Arrigorriaga, y otros etarras del más diverso pelaje y efecto letal lucen en calles y rotondas, a mayor gloria del nacionalismo, que trata como cabestros a sus electores. El rebaño nacionalista de cabestros está adelgazado en esta legislatura, y por eso Erkoreka es un pastor disminuido.
De otra parte, un documentod el Psoe sobre Mariano Rajoy ha vuelto a revelar que lo del buen talante, y el perfil negociador y moderado es sólo un disfraz que el Psoe vende con eficacia. Un papelito interno para consumo de abotargados seguidores de consignas le da leña a Rajoy mientras piden que se abstenga en la votación de investidura. Como si el voto lo regalaran. El Psoe vuelve a demostrar que son maestros en el juego sucio y expertos en el disimulo. Pero cuela, oiga, esto cuela. Así que leña al mono, porque la culpa de la crispación, si vuelve, siempre la tendrá la oposición. ¿O no?