RADIOGRAFÍA DE UNA VICTORIA
Emboscados tras el ruido que hace estos días el PP, alboroto de muebles movidos en la sede de Génova, renuncias como la de Zaplana y otras algarabías, los socialistas aspiran a que los agujeros negros de su victoria pasen desapercibidos.
Alguno se molestará por la insistencia en que su triunfo ha sido amargo. Persistiré. Vamos por partes. Madrid ha sido una avalancha de votos populares, un vendaval que ha dejado a los socialistas desnudos. Ahora quieren cargar las culpas sobre Tomás Gómez, que las tiene, pero el principal responsable ha sido un Zapatero que no ha solo no ha sabido ganarse el voto de los madrileños sino que ha cosechado un rechazo sin precedetes.
Podemos hablar de los ministros, puestos en la picota de los resultados de la noche del 9 de marzo: Bermejo humillado en Murcia, Bernat Soria en su terruño, de la Vega en Valencia, Bono en Toledo, donde ya no cuela que sea un socialista sincero, porque han captado que le gusta la gente bonita, la hípica, el patrimonio. ¡Mucho morro, Bono, dicen en la ciudad imperial! La única Chacón, que se ha ganado las castañas catalanas gracias a una campaña hecha a base de mucha COPE.
Es una victoria negra, de las que exigen purgas y renovaciones, y una profunda reflexión, porque el Psoe no ha ganado más votos que el PP, ni más porcentaje, ni más diputados. Vive de los votos de la izquierda, a la que quiere fagocitar, pero si no hace una política radical, como la de la pasada legislatura, perderá ese préstamo hipotecario. Lo cierto es que nunca un gobierno, después de una legislatura, había obtenido este parto de los montes.
Dos líneas para despedir a Zaplana. Ha estado a las duras, y ahora lo deja, antes de que le echen. Ha hecho un buen trabajo, se ha fajado, ha sostenido la moral del partido y del grupo parlamentario. De él han dicho de todo, pero no podrán decir nunca que haya sido un mal portavoz. Más bien al contrario. Suerte.