TIEMPOS DE TRIBULACIÓN

Rajoy se queda. Tienes razones para hacerlo. Dice que es lo mejor para el partido, y lo mejor para España. Es lo mejor para él, sobre todo. Ha optado por pedir al partido manos libres para hacer su equipo. Y le han dado la confianza. El momento tiene un punto débil: si ahora quiere hacer "su equipo", si ahora siente que ha llegado la oportunidad de ir con "los suyos", ¿qué ha hecho hasta ahora?, ¿por qué no se ha liberado de quienes no son su equipo?, ¿ha tenido que sufrir la derrota para querer ser, por fin, él mismo?
"En tiempos de tribulación, no hacer mudanza", decía Ignacio de Loyola. Rajoy estudió en los colegios de la Compañía y conocerá la frase y el espiritu de cautela que la anima. "Esto es lo que hay", dijo al final de su alocución el "candidato". Hasta ahora no había otra cosa que los restos de serie del "aznarismo". El mérito de Rajoy, lo escribía ayer, es mucho. Ha sostenido el partido unido en tiempos de máxima tribulación, ha ganado casi medio millón de votos y ha llegado al cuarenta por ciento, cuando Aznar gobernó con el 38.
Y un saludo a Público, ese diario preescolar que ayer despedía a Mariano desde su portada, con aires de exclusiva, firmada por el exhuberante y falaz Ekáizer. Del enemigo, el consejo.